domingo, 9 de diciembre de 2007

Como dije, ayer estuve en Estrasburgo (Alsacia) y tengo que decir que me gustó mucho. Salvo por el frío, jeje, que te helaba de los pies a la cabeza, pero bueno, para eso hay un montón de puestos vendiendo castañas y vino caliente (entre otras muchas cosas).

No puedo decir con propiedad que me recuerde a los Países Bajos porque no he estado nunca allí pero, no sé, la estética de las casas como que me quieren parecer de ese estilo. Seguramente no tiene nada que ver con eso y mucho con lo germano, que para eso Alsacia y Lorena han pertenecido a Alemania y a Francia en diferentes momentos de la historia (hasta la actualidad, que son franceses). Así que será eso. En cualquier caso, la ciudad es muy bonita y ya se sabe que en Navidad todo tiene el doble de encanto, sobre todo cuando te lo llenan de luces y adornos y los olores a chocolate caliente, castañas y dulces sobrevuelan la ciudad de un mercado navideño a otro.

Por supuesto, es inevitable que la gente se acumule en cada esquina con lo cual moverse a un ritmo decente es casi imposible. Además, al ser sábado pues ya os podéis imaginar. A los ciudadanos de Estrasburgo había que sumar los estudiantes, los “vecinos” de la zona circundante (como mi grupo venido de Friburgo) y los turistas (incluso de Québec, invitados de honor de la ciudad de este año). Total, que estaba lleno en todos los sitios. Aún así, nos las apañamos para tomar un café y comer algo. Supongo que para un francés no tiene nada de novedoso entrar en cualquiera de los cafés de la ciudad pero para mi, tengo que decirlo, era como adentrarme en una especie de sueño pseudos bucólico y ciertamente romántico. No puedo mostrar fotos de esos sitios porque no hacen justicia. El encanto o se ve o no se ve. Yo lo veo (y si no me lo invento, jeje), pero eso no significa que a todo el mundo le guste.

Además parece que la gente es abierta y enseguida oyes a tres estudiantes cantando y tocando la guitarra o a un coro vestido de papá Noel animando la plaza. Vamos, que queda claro que yo recomiendo visitar la ciudad, jeje. A ver la semana que viene adónde voy… ¡Tengo cinco días para pensarlo!

¡Muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaak!

sábado, 8 de diciembre de 2007

Dirección: Friburgo

Hola a todo el mundo, ¡otra vez! Bueno, anda que no ha llovido desde octubre… Ya sé que me hacíais en Berlín pero, aunque allí estuve, al final hubo cambio de planes y me marché (mala suerte, ¡otra vez será!) y tras varias semanas de saludable inactividad casera volví a ponerme en marcha este lunes. Eso sí, la ciudad sigue pareciéndome una buena capital europea. Fría (heladora), también, pero muy joven. Aunque bueno, eso lo dejo para otra entrada del blog, jeje.

Total que ahora estoy haciendo un curso en el Instituto Goethe de Friburgo. Para que me localicéis en el mapa os diré que el nombre en alemán es Freiburg, que forma parte del estado (land) de Baden-Württemberg y que está a menos de una hora de la frontera con Suiza y Francia. De hecho, los tres países comparten en algún punto la llamada “Selva Negra” (que aún no he visitado, pero dadme tiempo). Estoy viviendo en una residencia lo que significa que aquí hay gente de todo el mundo. Lo triste es que todos sepan quiénes son los españoles que viven aquí por ser ellos los que fuman en el comedor del primer piso (“aireando” que da gusto). En fin, tendré que resignarme. Menos mal que hay dos pisos más que si no, vaya asquete comer con el olor a tabaco… Aparte de eso, lo más reseñable de la residencia (y, en definitiva, de Alemania) es que aquí lo de reciclar lo tienen tan asumido que en cada habitación hay tres papeleras (papel y cartón, plástico y restos), así como en las cocinas y en el propio instituto (igualito que en España). Eso sí, creo que la gente no tiene muy claro dónde echar cada cosa porque en las cocinas está todo absolutamente mezclado. Una lástima, aunque la intención es excelente.

Otra cosa que siempre llama la atención de Alemania es su obsesión por no olvidar su pasado. Por todo el país existen diferentes monumentos y homenajes a los judíos pero, lo que no sabía es que llegaban a ser tan frecuentes. Por ejemplo en Friburgo, en un espacio de escasos 10 minutos andando te encuentras con lo de la foto de la izquierda (un abrigo de los que llevaban los judíos con la obligada estrella de David en la solapa y la respectiva placa explicativa), pequeñas chapas cuadradas en el suelo pero por encima del nivel del suelo (de forma que si no tienes cuidado te tropiezas – es decir, que caes en la cuenta de que ahí hay una chapa que significa algo –) que honran a un niño y un hombre de la ciudad muertos en Auschwitz, una plaza con nombre Plaza de los judíos (que recuerdo que aquello, antes de que borraran su existencia, fue un emplazamiento judío) y un cartel de carretera que recuerda que a unos pocos kilómetros de la ciudad hubo una vez un campo de exterminio. Así que ya veis. No se permiten ni el más mínimo margen estos alemanes. Ni los que lo vivieron ni los que no lo han vivido. Me han comentado que los jóvenes ya esto como que lo ven demasiado porque claro, no va con ellos, pero que el sentimiento nacional sigue siendo demasiado fuerte. Y de todas maneras, no sé hasta qué punto esto es cierto.

Mañana os cuento qué tal me ha ido hoy de visita en Estrasburgo. ¡Un beso!

miércoles, 17 de octubre de 2007

Bye bye Dublin

Bueno, otra vez aquí. No solo esta es seguramente la última entrada que escriba en la ciudad de Dublín sino que, una vez más, vuelvo a estar en camino hacia un nuevo destino. Pero bueno, eso es otra historia que ya contaré la semana que viene cuando (con suerte) ¡ya haya encontrado piso!

Este fin de semana he visitado Galway, tal como os dije. La verdad es que en conjunto la excursión no fue demasiado boyante, por no decir que nos decepcionó a casi todos. No obstante, tuvo sus momentos.

Llegamos el viernes por la tarde después de cuatro eternas horas en un bus. La primera sorpresa fue descubrir un albergue gigante y súper bien preparado donde primaba la presencia española por doquier. Después de los trámites de rigor, y una precaria cena, salimos a tomar algo tranquilamente a uno de los muchos pubs genuinamente irlandeses de la ciudad.

Al día siguiente cometimos el error de visitar las islas Aran. Y digo error porque, literalmente, allí no hay nada. No sé por qué casi todos nos esperábamos otra cosa. Yo en concreto no sé muy bien qué idea llevaba pero lo cierto es que, después de escuchar a mi profesor decir fascinado que las islas son uno de los pocos lugares donde “se siente el silencio” pues no sé, como que le veía cierto misterio al asunto. La única verdad es que claro que se siente el silencio, ¡como que no hay nada en toda la isla! Solo rocas y más rocas con cuatro casas desperdigadas por el camino. En fin, por lo menos puedo decir que he estado ¿en el culo de Europa?.

Decepcionados con la excursión y aprovechando la estancia en una de “las mejores ciudades de Irlanda”, en pleno sábado noche, decidimos salir de bares. He de decir que fue una de las pocas cosas que salvó el finde porque nos lo pasamos de lujo (yo por lo menos), jaja. Además, los bares estaban genial, había mucho ambiente y mucha gente por todas partes. Así que la conclusión fue positiva (al menos esa madrugada, jeje).

Tras el inevitable despertar del domingo no quedó otro remedio que salir a arrastrarse a un lluvioso exterior donde recorrimos Galway en el increíble record de dos horas escasas. Y es que aquello es enano. Cierto es que es bonito pero, en fin, para ser sincera, solo me pareció más de lo mismo (de Irlanda, se entiende). Mi host family dice que prefiere Galway a Dublín pero vamos, que yo todo lo contrario.

En fin...

¡¡¡¡¡Deseadme suerte en Berlín!!!!!

martes, 9 de octubre de 2007

La Calzada de los Gigantes


Bueno, aquí estoy otra vez para acabar de narraros mi fin de semana. El domingo, bien prontito por la mañana, nos montamos en un bus dispuestos a disfrutar de una ruta conocida como “La calzada de los gigantes”. La verdad es que yo no la conocía de nada pero había unos cuantos que habían oído que era una zona muy bonita así que allá que nos fuimos pagando 5 maravillosas libras, en vez de las cotidianas 12 o incluso 20 que cuesta la excursión, gracias a un ofertón del momento, jeje.
Total, que un conductor con acento escocés (eufemismo de un acento que apenas se puede entender) y muchas ganas de hablar nos llevó hacia el norte donde tras unas tres horas de tour alcanzamos un lugar cuyo nombre no recuerdo conocido por un puente colgante (el de la izquierda) que une una isleta con el continente. Para llegar ahí debes caminar un kilómetro aproximadamente por un camino paralelo a la línea del mar así que, como podéis imaginar, las vistas no están nada mal. Además nos hizo un día típicamente inglés así que la cosa tenía otro encanto, jeje. Aún así el agua era cristalina e inexplicablemente verde en algunas zonas así que entiendo que en verano, con días soleados, el lugar sea de lo más turístico.



Por otro lado está la Calzada de los Gigantes en sí misma, que era el objetivo del viaje y que está compuesta por acantilados y rocas escalonadas y curiosamente deformadas por el agua. Tuvimos suerte y llegamos al lugar a una hora estupenda porque el atardecer estaba cerca así que la luz era fantástica y las fotos han quedado preciosas (recomiendo fervientemente que le echéis un vistazo al espacio). La idea básica es caminar paralelamente a la costa y fotografiar a diestro y siniestro lo que se mueve y lo que no porque, creedme, merece la pena. Además, con la tontería del paseíllo y el sol del otoño al final resultó que la chaqueta sobraba así que aún mejor. Y como aquello es grande pues tampoco es que hubiera aglomeraciones de turistas en plan Benidorm, así que genial, vaya.

Este finde hemos hablado de ir a Galway (oeste de Irlanda) porque, por lo visto, toda esa zona, es la Irlanda más auténtica, donde se aprecia a los irlandeses en estado puro (no creo que sea casualidad que sea en esa zona del país donde se concentra la población que habla gaélico).

Ya os contaré, porque también esta semana aprovecharé para hacer turismo por Dublín así que la semana que viene tiene pinta de llegar cargada de noticias, jaja

Belfast

Queridos todos:

¡Vaya fin de semana! Como os adelanté, estuve en Belfast el sábado y el domingo pasados y estuvo muy bien. La verdad es que la ciudad en sí no tiene gran cosa (salvo un tour del Titanic que se han sacado de la manga porque se construyó allí). Es pequeñita y manejable (a pie llegas a todos los lados) y, mientras te quedes en el centro, tiene pinta de ser bastante agradable. Pero claro, te tienes que ceñir al centro porque como te vayas a los barrios de conflicto… Os cuento.

Primero fuimos al barrio protestante (es decir, la zona unionista) y según pusimos el pie allí nos dimos cuenta de que la zona estaba profundamente herida (y deprimida). Las cosas, los edificios abandonados, las paredes y las ventanas rotas a pedradas, las miradas de la gente (escasísima en la calle),… Se percibe el conflicto en el ambiente. No te quiero contar nada cuando llegas a la zona de los murales. Este de la izquierda con la bandera británica y el escudo de la UDA (Ulster Defense Association) es el más suave que vimos. El más radical para mi fue uno de Oliver Cromwell (revolucionario inglés del s. XVI) que decía “no habrá paz en Irlanda hasta que los católicos sean aplastados” y que, de la impresión, ni siquiera fotografié. Sobre todo porque justo al lado había un par de niños jugando con su padre y no pude por menos que preguntarme cómo podían educar a sus hijos en el odio.

El barrio católico (es decir, republicano), aunque bastante más sutil en su discurso que el protestante y con un aspecto un poco menos dejado, tampoco se lleva mucho (este mural medio borrado de la izquierda dice “25 años de resistencia…¡y otros 25 más si hacen falta!”). Las casas se ven algo mejores pero las calles no se libran de papeles, botellas de plástico y envoltorios varios. Es extraño porque no es basura al uso sino una especie de suciedad que en cualquier otro punto del Reino Unido o Irlanda (en principio) no existe. La sensación que da este barrio es que sale adelante mientras que el otro sigue estancado en algún punto del pasado. Pero claro, todo esto es subjetivo. Por supuesto, si en la zona protestante predominan las banderas unionistas y británicas, en la zona católica abundan la simbología celta (esa especie de trébol que sale en Embrujadas, por ejemplo) y se recupera la lengua irlandesa.

Y todo esto teniendo en cuenta que, según el señor de mi casa, ya han quitado unos cuantos murales. No quiero imaginarme cómo serían esos que parece han borrado. Y bueno, menos aún quiero imaginarme lo que sería la zona hace veinte años… Un auténtico polvorín. Cierto es que nosotros solo nos adentramos un poco en los barrios y vimos unos cuantos de los muchos murales que existen, así que espero que los que me hayan quedado por ver sean pacíficos porque como sean todos del mismo tono… Tendrán que pasar generaciones antes de que todo esto se asiente y forme parte de la historia porque, de momento, mientras los niños sigan creciendo rodeados de las palabras “odio” y “venganza” pintadas en las paredes, me temo que la zona no tiene mucho futuro…

¡Mañana os sigo contando el resto del finde! Por cierto, ya están las primeras fotos colgadas en mi espacio web. ¡Espero que os gusten!

viernes, 5 de octubre de 2007

Trinity College

Holaaaaaaaaa


Bueno, ya estoy aquí otra vez. Lamentablemente no tengo mucho que contar porque he andado tan liada estos días que no he podido hacer mucho turismo por Dublín. Pero que nadie se alarme que eso cambiará esta misma noche, jeje.


La noticia destacada de la semana es que mañana ¡¡me marcho a Belfast!! Menudo coñazo tener que cambiar a libras pero en fin, ya se sabe que los ingleses... jaja. La verdad es que hubiera preferido cualquier otro lugar antes que Belfast porque nunca he oído nada relevante de la zona pero por lo visto hay unas piedras gigantes o no sé qué más antiguas que las pirámides y todo el mundo quería ir a verlas así que al final me animé y me voy más contenta que chupín, jeje. A la vuelta es cuando espero poder colgar fotos (¡sobre todo porque ya habré hecho alguna más que diez que llevo hasta ahora!).


Por cierto que ayer fui al Trinity College a tomar algo porque sí, dentro del propio campus de la universidad (TREMENDO por cierto), hay bares que venden alcohol donde los estudiantes se concentran para hablar y pasar el rato. La verdad es que es muy pero que muy agradable. Los compañeros españoles (que por cierto, parecemos un mapa de España [Ceuta, Córdoba, Albacete, Barcelona, Santiago, La Rioja, Asturias, Canarias...]) decían que había demasiado anglosajón por metro cuadrado pero bueno, ya sabes que para mi nunca hay demasiados, jeje. Lo que sí abundaba era la presencia hispana. De hecho pase al lado de uno que estaba al lado de la puerta del bar diciendo "sorry" justo al mismo tiempo que salía un chico de dentro gritando: "I-SI-DROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO". En fin, si es que los españoles, ya se sabe... jejeje. Luego aún tuvimos un poquito de tiempo para ir a un pub (por-qué-lo-llamarán-pub-cuando-quieren-decir-"edificio de tres plantas ocupado al completo por un bar") gigante llamado O'Neills que, por tener, tenía hasta terraza. Muy bien también. Una pena tener que irnos corriendo a las 11 de la noche para coger el último bus a tiempo...


Pero bueno, de momento todo va muy bien. Mi señora sigue mimándome (¡¡ayer me cocinó tortilla de patatas!!) como siempre y la ciudad me parece cada día más agradable. ¿Será porque no llevo ni una semana?

martes, 2 de octubre de 2007

Átha Cliath

Bueno, ya estoy aquí. En Dublín o Átha Cliath que es lo mismo pero en gaélico. Para el que no lo sepa el gaélico o irlandés es idioma oficial en Irlanda (además del inglés, obviamente), lo habla un 15% de la población (concentrada sobre todo en la costa oeste), es asignatura obligatoria en la escuela y hace muy poquito fue reconocido por la UE como uno más de los muchos idiomas que forman parte de la Unión (aunque no uno de los oficiales). Lo más sorprendente del asunto (al menos a mi me llamó la atención inmediatamente ya que no me lo esperaba en absoluto) es que todos los carteles indicativos, los rótulos de las calles, etc., aparecen en los dos idiomas. Y curiosamente es el gaélico y no el inglés el primero que aparece. Me han informado de que en Escocia hablan el mismo gaélico que aquí (salvo determinadas palabras o expresiones) y el galés, aunque no igual, pertenece a la misma familia lingüística. Por suerte para mi la familia con la que vivo es bilingüe, así que puede enseñarme a chapurrear un par de frasecillas básicas del tipo “quiero una pinta de cerveza” o “dónde queda el pub más cercano”, jajaja. Supongo que me ocurrirá lo mismo que con el bretón (cuyas raíces, si no me equivoco, se hunden también en los celtas), es decir, que en dos días se me habrá olvidado completamente (el sonido es melodioso aunque imposible de reproducir una vez han pasado dos horas, jeje).

Mi host family (o familia anfitriona) no solo es poco corriente por la lengua sino porque son inusualmente abiertos (para lo que se entiende que es un católico [irlandés]) y, además, la señora cocina que da gusto. Son muy interesantes, la verdad. Han vivido en Australia y Londres y han viajado un montón por todos lados. Son extremadamente amables y me dan toda la confianza del mundo para que me sienta como en casa. Además me miman un montón, jeje. Solo llevo aquí un par de días así que es pronto para los juicios de valor pero tengo que decir que, de momento, los irlandeses me parecen gente muy amable. Ah, y su sentido del humor se parece más al nuestro (deducción a partir de la sesión nocturna de chistes con la que me deleitaron ayer). Particularmente divertido fue mi primer encuentro con un irlandés. Fue al llegar al aeropuerto. Tomándome por una compatriota más (se sobreentiende el porqué, jaja) me saludó con un efusivo “hey gorgeous!” (“hola preciosa”) con el que nunca hasta ahora me habían recibido en ningún lado. Una vez explicados mis orígenes, procedió muy campechano él a enumerar las cosas que uno debe hacer cuando viaja a Irlanda. Son, por este orden:
1. – aprender inglés
2. – enamorarse y
3. – sufrir porque te rompen el corazón
Por supuesto, reaccioné con una lógica aplastante ante tales deberes y le dije que, sintiéndolo mucho, tres semanas no me daban para tanto. Él, muy desinteresadamente, se ofreció para ayudarme con el segundo y el tercer punto porque el primero, a quien le importa, sobre todo cuando ya se habla inglés. Jeje, un punto estos irlandeses. Otro ejemplo ilustrativo de este país es la figura de Molly Malone. Uno de los personajes más conocidos del país. Y ¿por qué? Pues muy fácil, porque era (según algunos rumores), una “mujer de la noche” que, además, vendía pescado. Alguien le dedicó una canción y con eso pasó al firmamento de las celebridades nacionales. ¿A que mola eh? jajaja
La verdad es que aquí me siento totalmente integrada, juas juas. No he visto a tant@s pelirroj@s como esperaba (desde luego muchos más que en España) pero me han explicado que eso se debe al altísimo porcentaje de extranjeros trabajando en el centro de la ciudad. Incluso me paran por la calle para preguntarme dónde queda el banco o no sé qué calle, como si fuera una dubliner más. Además soy la única española de una clase petada de “animadísimos” (ejem) suizos [Lisa es tut mir leid aber es ist so!!], aunque se ven compensados con dos brasileños que andan como Pedro por su casa por el colegio (gafas de Rayban incluidas, jaja) y un par de italianas que “cantan” su inglés como solo los italianos saben hacerlo. Yo por mi parte me limito a evitar los americanismos porque ya me han dicho que “yanquis no, gracias” [“debes dejarlos crecer”…jeje, perdón, ¡estaba demasiado a huevo!]. Por cierto que Dublín es una ciudad muy joven (la mitad de la población está por debajo de los treinta) y, aunque cara, parece muy agradable. Además, y pese a lo que me digan, se puede hacer prácticamente andando.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Dublín, allá vamos!!

Buenooooooooo, parece mentira pero no solo ha pasado un mes ya sino que el verano se ha acabado, las clases y el trabajo ya han empezado y el frío comienza a dejarse sentir (qué gusto).
Espero que esta vez no sufra ningún retraso porque si no, con el madrugón que me tengo que dar, creo que me dará un ataque nervioso en la misma cola de facturación, jeje.
En fin, llevo la maleta hasta los topes: de ropa y de ilusión. Nunca he estado en Irlanda y tengo muchas ganas de ver esas callejuelas de Dublín y ese verde tan verde que tienen por allá (aunque después de Suiza tiene que ser algo realmente impresionante para dejarme con la boca abierta!), así que veremos qué pasa en estas tres semanas!!!

sábado, 25 de agosto de 2007

Recomenzamos la cuenta atrás...

Bueno, parecía que no pero ya hemos llegado al mismo punto de siempre: las maletas. El ciclo no se interrumpe nunca y, una vez más, me encuentro con la que ha sido mi habitación durante dos meses completamente patas arriba, con trastos aquí y allá y un nerviosismo semi-cotidiano que cualquiera que esté acostumbrado a empaquetar y desempaquetar comprende.

Cuando uno se para a pensarlo es cuando se da cuenta de la tendencia tan ¿natural? que posee el ser humano a acumular cosas. Y no solo eso, a cogerles cariño a todas. ¿Cómo decidir qué debe acompañarte de vuelta a casa y qué debe perderse para siempre en alguna papelera de Asia? El criterio no es ecuánime, está claro. Al fin y al cabo, queramos o no, todas y cada una de las pequeñas cosas que nos rodean esconden una historia detrás. Puede que sea trascendental o irrelevante, eso cada uno lo sabe, pero lo cierto es que todos los objetos, miradas, escenas y palabras portan consigo un significado. A veces nos pasa desapercibido y otras nos pesa demasiado como para dejarlo de lado. En cualquier caso, cuando uno viaja y vive experiencias como esta es cuando se enfrenta a pequeños dilemas cotidianos como este con mucha más frecuencia que aquellos a los que yo llamo “semi-sedentarios”. No obstante, no me voy a conceder el permiso para divagar (como siempre) porque no quiero aburriros. Hoy estoy aquí sentada por última vez para compartir con vosotros estos últimos instantes de lo que ha sido una de las mayores y mejores experiencias de mi vida.

Se dice por ahí que el tiempo y las circunstancias cambian a las personas, que la vida nos hace madurar y que los actos de terceros desconocidos pueden alterar nuestros destinos. Lo que no se cuenta es que los viajes son esos momentos incomparables en los que todos los elementos anteriores se entrelazan entre sí y te confunden una y otra vez, tirando de ti hacia mil y un lugares y personas que acaban por transformarte sin que apenas puedas darte cuenta. Hace dos meses llegó aquí una chica. Hoy, se marcha otra.

Canta Ana Belén que “en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Por si alguien no se ha parado a reflexionar sobre el tema, por favor, que lo haga. Y una vez que haya llegado a sus propias conclusiones que se pregunte a sí mismo si acaso es deseable volver. Cuando uno vive experiencias tan intensas como esta en un periodo de tiempo tan corto alcanza un punto en que, quizá, tanta intensidad le desgarra en cierta manera por dentro. Es un desgarro suave, es cierto, como si te dieras cuenta de que en esos momentos de risas, confesiones, lágrimas, preocupaciones y discusiones, una parte de ti es consciente de que esa situación es finita. Hace treinta días no conocías a esta persona. Hoy no puedes concebir levantarte mañana y no verla. Hace setenta noches dormías soñando con lo que sería ese lugar tan lejano llamado Asia, hoy sientes que al dejar estas tierras estás abandonando sin quererlo una parte de ti en cada una de las calles que dejas atrás con el taxi.

En estas semanas he conocido a gente maravillosa, he visitado lugares increíbles, he olido y saboreado (con mayor o menor fortuna) aromas y platos desconocidos, me he acostumbrado a sonidos más o menos agradables y, aunque dos meses apenas es nada comparado con la vida, creo que puedo decir que he vivido en Pekín. Con más o menos éxito he tratado de vivir la ciudad siempre que he podido y considero que la propia rutina de clases y exámenes me ha ayudado a sentirme una más de esta enorme y desproporcionada urbe.

Seguramente no echaré de menos Pekín, pero sí todo lo que significa.

Nos vemos en España…

miércoles, 15 de agosto de 2007

Bienvenidos a Shanghai

Bueno, bueno, parecía que no pero ya nos vamos acercando al final de esta aventura. No obstante, aún es pronto para hacer balance así que es mejor que me centre en los últimos días.

Si habéis echado un vistazo a mi espacio habréis visto un nuevo álbum titulado “Shanghai” donde he recopilado algunas de las mejores fotos de este fin de semana. La verdad es que Pekín y Shanghai son dos ciudades completamente ajenas la una a la otra. Mientras que Pekín cuenta con un metro insuficiente y un paisaje más bien nankan, Shanghai disfruta de una arquitectura rica (herencia de la época colonialista) y de unas muy buenas comunicaciones. Por supuesto, no tiene ni la mitad de cosas interesantes que visitar que Pekín pero, qué queréis que os diga, me quedo con Shanghai. Además, tuvimos la suerte de dormir en un albergue en pleno centro de la ciudad desde donde pudimos ir andando a prácticamente todos los sitios.

El viernes lo dedicamos a ver la Ciudad Antigua donde se encuentra el Parque Yuyuan (jardines y más jardines, aunque merece mucho la pena), el Bazar Yuyuan (muy pero que muy bonito), la Concesión Francesa, Nanjing Lu (la calle comercial por excelencia, asiática hasta decir basta [luces por todos los sitios]), la Plaza del Pueblo y el Parque del Pueblo. Para poner punto final al día lo completamos tomando un par de copas en un club de blues (Cotton Club) donde, aparte de clavarnos el precio europeo (y no el estándar precisamente), nos relajamos un rato antes de irnos a dormir. Y es que al día siguiente, sábado, nos marchamos a Suzhou, una zona conocida como la Venecia china.
Personalmente creo que se trata de un sitio bonito y agradable aunque no sé hasta qué punto es merecedor de tal calificativo. También es cierto que yo misma no he estado en Venecia así que no puedo comparar pero bueno.

Lo más reseñable de la excursión a Suzhou fue, sin ninguna duda, un altercado con unos taxistas ilegales. Hasta ahora nos habían salido siempre bien pero está visto que sobrepasamos el cupo y ya nos tocaba la mala experiencia así que tras mucho discutir y agradecer la intervención de un policía local logramos continuar con el día sin que los señores de turno nos aguaran la excursión.

Así que, como decía, visitamos Suzhou y otro pueblecito cercano (Zhouzhuang) donde vimos escenas como la de la foto de la izquierda.

Por último el domingo paseamos por el Bund (seguramente la calle más famosa de Shanghai) hasta llegar a uno de los hoteles Hyatt de la ciudad donde pudimos desayunar contemplando las vistas de la ciudad desde una altura de 30 pisos. No contentas con eso cruzamos a Pudong (el barrio que se ve a la izquierda) a través del túnel turístico (muy ridículo; una de las visitas a obviar la próxima vez) y tras pasear por los alrededores de la Torre de la Perla (la más alta que se ve en la foto, que no en la ciudad), comimos en uno de los mejores hoteles del mundo (Shang-ri la) a nivel de restaurante medio europeo. Es decir, un lujazo poder comer esa maravilla por menos de 30 euros.

Sobra decir que en Europa no podríamos permitirnos ni el desayuno…


Aparte de la visita a Shanghai, la semana pasada pude disfrutar de la experiencia de la peluquería china: lavar, masajear (cabeza, cuello, hombros y brazos), cortar y peinar por 2 euros. Ay, ¡¡qué gusto!! Jaja Seguro que a más de una (y de uno) se le ponen los dientes largos… No, fuera de bromas. Si alguien se pasa por China que no se marche sin pasar por la peluquería. Merece la pena solo por ver el tiento con el que te lavan la cabeza sin derramar ni una sola gota (y eso que no estás con la cabeza en una pila, como en España, sino sentada normal en un sillón).

Ah, y también vi El último emperador de Bernardo Bertolucci. No es china lo que se dice china pero refleja muy bien la historia reciente del país. Además, siempre hace ilusión ver en la pantalla lugares en los que ya has estado, ¿no creéis?

martes, 7 de agosto de 2007

Nacer en el lado bueno del mundo

Queridos todos:

Se acerca el final de esta experiencia lenta pero inexorablemente. Lo comento con mis compañeros y diría que ninguno se lo cree. A todos les parece que llegamos ayer y a casi todos les va a parecer surrealista despertar en casa dentro de unas semanas y no vernos las caras a todas horas. Resulta extraño darse cuenta de que quienes hace poco más de un mes eran unos auténticos desconocidos han convivido y compartido contigo prácticamente todas las horas del día durante un periodo de tiempo relativamente largo. En fin, la vida…

Melancolías fugaces aparte, estos últimos siete días la verdad que no han sido muy productivos. Salvo un par de visitas en la ciudad la verdad que no he podido hacer mucho, como leeréis más adelante. No obstante, tuve la oportunidad de visitar un sitio conocido como “798”. Se trata de una especie de barrio pekinés donde se concentran todas las galerías de arte y las tendencias chinas del momento. Dado que mis conocimientos de arte son más bien nulos y mi capacidad para apreciar la expresividad artística contemporánea se ahoga en mi propia ignorancia pues la verdad que no me gustó mucho. El lugar, desde luego, era interesante (donde antes había fábricas e industrias ahora hay espacios abiertos y creatividad) y algunos de los cuadros que vi sí que me convencieron pero, seamos francos, la excursión en sí no triunfó demasiado.

Lo que sí cosechó laureles fue el Palacio de Verano (Yiheyuan). Resulta que este palacio lo construyó la emperatriz Cixi, una mujer de armas tomar que despilfarró el dinero destinado a reformar el ejército en este parque inmenso que hace que a Versalles le entre cierto complejo de inferioridad. Pero bueno, me temo que todos los líderes antiguos (por no decir modernos en algunos casos) hicieron lo mismo en su momento; en China, en Europa y en todos los sitios (estoy segura que al francés de turno que se moría de hambre no le hacía ninguna gracia ver cómo levantaban semejante consumidor de lujo y derroche). Pero bueno, lo positivo del asunto es que gracias a malas decisiones como aquellas nosotros, hoy, podemos disfrutar de un grandioso patrimonio de la humanidad, ¿o no?

De todas maneras, la más grande de las experiencias de esta semana ha sido darme cuenta de la suerte que tengo (tenemos). Resulta que, sin previo aviso, enfermé de gastroenteritis y, ante tanto vómito y malestar sin ser capaz de comer (y mucho menos beber) en casi 24 horas, no tuve otro remedio que salir al hospital. Afortunadamente para mí me atendieron en el hospital para extranjeros de Pekín lo que significa que tuve un médico y una enfermera solo para mi, televisión, películas, libros, mantas de colores y, por supuesto, medicamentos adecuados, efectivos y rápidos. Fue cuando estaba enganchada al suero que no pude por menos que pensar que mientras yo disfrutaba de todas esas comodidades (¿lujos?) que, casi seguro, no ves en el sistema público español (y menos en el chino), millones (y millones y aún más millones) de ciudadanos chinos (por no abrir fronteras y pensar a lo grande…) no tienen acceso a una asistencia sanitaria mínima. Al comentárselo a un amigo me dijo resignado: “te tocó nacer en el lado bueno del mundo; no pienses ahora en eso”. No lo hice. Cerré los ojos y mientras mi cuerpo absorbía ansioso el suero y los antibióticos yo me quedé dormida.

No soñé con nada.

lunes, 30 de julio de 2007

Viva China

¡Buenos días para todos! O buenas tardes ya, que con eso de que aquí ya es de noche me despisto con una facilidad…jeje En fin, como os dije esta semana he tenido exámenes así que no he hecho prácticamente nada en estos días. La única excursión que hicimos fue al Museo de Pekín (tremendo) y luego ya durante el fin de semana he visitado Shidu y el Mercado de los Campesinos (Panjiayuan). Así que sin perder el orden os cuento.

El viernes, justo después del examen, la profesora nos puso una película china muy conocida en Occidente. Hablo de La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou cuyas películas, por lo visto, son las mejores del panorama cinematográfico chino y, además, las más conocidas en el panorama internacional. Por supuesto, y para no variar, la actriz protagonista es Zhiyi Zhang que últimamente está hasta en la sopa. La estrella desconocida es el chico de la derecha, mitad japonés mitad taiwanés que, chicas, creedme, ¡está como un queso! Jeje Lo mejor de ver la peli fue que cada vez que entendíamos algo todos lo repetíamos en voz alta como para confirmar que sí profe, sí, poco, pero pillamos algo. No me extraña que se partiera de risa, juas juas. ¡Anda que no hacemos el palurdo ni nada! Por cierto, la peli es muy recomendable.


En fin, bromas aparte este finde lo que hemos visitado son las montañas de Shidu. Aquí son muy conocidas como el Guilin del norte. ¿Y qué es eso de Guilin? Pues se trata de unas montañas del sur muy conocidas y bonitas (de las muchas que tienen por aquí, normal con lo extenso que es este país, aquí tienen de todo) que tienen su pequeña réplica a unas dos horas de Pekín. Al principio decepciona un poco porque aquello parece un parque de atracciones (de hecho tiene su toro mecánico y todo, imaginaros) pero la vista está bien y el parque natural es lo que más merece la pena. Pese a que gran parte está retocado de manera artificial el paisaje no deja de ser impresionante. Las montañas son tremendamente escarpadas lo que hace que sea muy difícil pasear por ellas y, a la vez, les da un aire aún más bonito si cabe. Uno de los aspectos que más choca es ver semejante montículo de tierra salido prácticamente de la nada, al lado de extensiones llanas de terreno donde, mira por donde, estás tú de pie contemplando los picos que se alzan ante ti. Aún con todo lo natural que puede ser aquello lo cierto es que no deja de ser turístico y dentro del propio parque ves puestos turísticos, servicios (de aquella manera…), chinos montando a caballo (y ofreciéndotelo a ti, por supuesto), etc. Da igual, el lugar es tan bonito que a ninguno nos importó.

El domingo, aprovechando uno de esos ratos típicos en los que no haces nada, decidimos irnos al Mercado de los Campesinos (Panjiayuan) que es, una vez más y como de costumbre, genial. Además de tener muebles chinos (si no fuera por el avión habría caído más de uno, muy muy bonitos, de verdad), el lugar contaba con decenas de puestos de lo más variado: desde porcelana hasta pendientes, pasando por cometas tradicionales, sellos chinos (yo me compré uno con mi nombre chino, aunque por los caracteres chinos he visto que la tía del puesto me ha cambiado la pronunciación a Dine o algo así, pero q nadie se preocupe porque al oído castellano sigue sonando igual que Tine, con la diferencia de que los caracteres son mucho más sencillos) o estatuas de Buda. Por si acaso el turista no se queda contento con todo esto, muy cerca del mercado, a solo 5 minutos escasos a pie, se encuentra el mercado de las gafas que digo yo. Como indica su nombre se trata de una especie de pequeño centro comercial en donde lo único que encuentras son ópticas chinas. ¿Resultado? Me compré unas gafas de sol buenas, graduadas y listas en 1 hora por 20 euros.

¿No adoráis China? ;-)

martes, 24 de julio de 2007

Bienvenidos a Datong

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Bueno, yo ya estoy más que recuperada y lista para contaros qué tal el finde en Datong. Cómo podéis ver en la fotografía, me ha ido de lujo. El viaje no ha podido salir más redondo. Os cuento.

Cogimos un tren nocturno que, pese a lo que nos esperábamos, fue muy cómodo (como usuaria frustrada de RENFE que soy debo decir que el tren chino es, con mucho, mejor que el español; la única diferencia es que las literas están a la vista, es decir, que no existen paredes que separen los compartimentos del pasillo) y barato. Además, nos dejó en Datong al punto de la mañana lo cual nos permitió desayunar tranquilamente, buscar hotel (¡¡35 yuanes la noche!!), negociar el transporte (un taxi para cuatro personas todo el día: 7 euros [y nos salió caro]) y presentarnos a las 9 de la mañana en el primer sitio de la lista: las Cuevas Yungang.

Estas grutas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2001, creo, y aunque hay algunas que sí que lo merecen (concretamente la cueva nº3, que fue la que más nos gustó a todos), el resto la verdad que impresionan pero no tanto (algunas están muy deterioradas). Sin embargo, la excursión mereció mucho la pena. Vimos Budas gigantes (el más espectacular es el principal que se ve en esta foto), pinturas más que interesantes (sobre todo cuando llevas a un experto en Historia del Arte en tu grupo, jeje) y turistas a montones. Es sorprendente darse cuenta de que:
a) la inmensa mayoría son asiáticos
b) había más gente que en la Gran Muralla
Por cierto que estas cuevas tienen la friolera de 1500 años de antigüedad. Casi nada…


Una vez vistas las cuevas nos dirigimos hacia los Templos Colgantes de Heng Shan (Xuankong Si). Tal y como dice el nombre se trata de un conjunto de templos que, literalmente, cuelgan en la montaña. De hecho, impresionan más una vez que estás arriba que desde abajo porque es cuando te das cuenta de que los palos que se suponen están firmes y te mantienen alejada del suelo, en realidad, se mueven como el ojo de un besugo. Lo cierto es que hasta el más reticente del grupo iba pegado a la pared (como si aquello fuera a salvarnos en caso de derrumbe), así que imaginaros. Otra de las cosas buenas del lugar es el valle que se extiende justo al otro lado de Heng Shan (subiendo por estas escaleras que veis a la izquierda) y que, para mi gusto, supone una de las panorámicas más bonitas que el ojo humano puede presenciar. En realidad si lo pienso no tiene nada de misterioso pero supongo que disfrutar del aire, del paisaje y de ocasionales truenos retumbando en el lugar pues lo convierten en un sitio bastante especial.

Por si no habíamos tenido suficientes emociones ese día volvimos a montarnos en el taxi para irnos, otra vez, a la otra punta de Datong (que por cierto fue capital china en su momento) y disfrutar (porque para esto sí que no existe otra palabra mejor) de la pagoda de madera más antigua de China y creo que, también, del mundo (Yingxian mu ta). Puede que fuera por la tranquilidad que reinaba en la ciudad o por el tiempo (una tormentilla de verano que alivió momentáneamente el bochorno cotidiano) o, simplemente, porque había menos gente que en los Templos y las Cuevas, pero el caso es que salimos todos medio encantados medio en trance (el cansancio ayudó mucho a esto último). La verdad es que la ciudad estaba muy preparada para el turismo pero a mi lo cierto es que me da igual. Puede que los hutong estén reconstruidos o que el estilo de las casas no sea el auténtico pero la impresión que yo me llevé fue inmejorable. Además, desde el 2º piso de la pagoda (no se podía subir más [para qué, llegar hasta allí sin luz y con esos escalones de medio metro ya supone una tarea importante]) veíamos el barrio antiguo (eso sí que es la China genuina) y los nuevos, así que la vista era inmejorable. Como remate final pasamos un rato en un patio bajo desde el que se contemplaba toda la pagoda rodeada de pájaros. Seguro que suena a cursilada todo lo que estoy contando pero a mi me encantó. Fue en ese preciso momento en el que me di cuenta de que estaba en Asia, justo al otro lado del mundo de donde estáis vosotros leyéndome en la pantalla de vuestro ordenador. ¿A que choca, eh?

Finalmente regresamos a Datong donde terminamos de alucinar del todo. No solo cenamos estupendamente por 9 yuanes (sí, sí, has leído bien), sino que pudimos comprobar que los chinos (al menos no los pekineses) son súper simpáticos. Nos miraban por la calle continuamente y nos saludaban riéndose (jelou!jelou!), pero en plan amable. Fue muy surrealista jugar al fútbol con ellos en la Plaza de la Bandera Roja (que viene siendo como una plaza mayor en España), compartir guiños con ellos en el tren (jugamos a “el asesino”, sí sí, con ¡¡chinos!! Fue genial, al principio solo se animó uno pero luego eran como 5 o 6 y encima teníamos público, ¡qué espectáculo!), entablar conversación con gente de allí (bueno, conversación, conversación, os podéis imaginar los niveles tan elementales de comunicación que fluían entre nosotros), … La verdad que muy bien, muy bien. No entiendo cómo la gente nos había hablado tan mal de la ciudad porque vale que es fea (muy industrial), pero tampoco me pareció mucho más sucia que Pekín y, desde luego, no está tan contaminada. En fin, que le recomiendo a todo el mundo que se pase por allí (eso sí, cuando veáis las cabezas de rata cocinadas en la calle a modo de pinchos no os asustéis…). Y si no le interesa hacer turismo que aproveche para comprar porque, sin regatear, tiene unas Converse por 3 euros (falsas, como todo aquí, pero oye, que dan mucho el pego, jeje). Ah y la especialidad de la ciudad son los paozi que, recién hechos, están DELICIOSOS y, como todo, es súper barato.

Por último os voy a contar algo del encuentro de esta tarde. La Fundación que me beca nos tenía preparada una charla con el profesor Dong Yansheng, uno de los hispanistas más prestigiosos del mundo y, desde luego, el más importante de China. Este hombre, para que os hagáis una idea, ha traducido El Quijote al chino y es toda una eminencia que, además, por la edad que tiene (70), ha vivido todos los cambios de la edad moderna en China y en España (de hecho, el 23-F él estaba en Madrid estudiando, ¡¡muy fuerte!!). Nos ha contado cosas muy interesantes y ha sido una charla muy amena, sobre todo gracias a su naturalidad (me da la impresión de que es muy campechano y no debo andar muy equivocada porque dice que eso es precisamente uno de los rasgos españoles que más le guste y que, sin embargo, más rápido se está perdiendo [es el precio del desarrollo]). Supongo que no a todo el mundo le interesaría hablar de traducción pero, os puedo asegurar, que todo lo que ha vivido este hombre bien se merecen unos minutos de atención. Carmen, si lees esto, que sepas que me acordé de ti. Te habría encantado.

En fin, voy a ver si estudio que ¡esta semana tengo examen!

viernes, 20 de julio de 2007

El emperador está en Pekín y las montañas son altas

¡¡Buenos días!! Me ha parecido oportuno comenzar esta entrada con un dicho chino que viene significando que cada uno hace lo que le da la gana, jeje. ¿A qué lo habíais pillado todos a la primera? Seguro...jaja.

Esta semana he visitado el Templo de los Lamas. Se trata del mayor templo budista tibetano de Pekín (del siglo XVII) y es muy bonito. Son varios edificios ricamente decorados por fuera y por dentro (bodhisattvas, budas, luohan,…). Por supuesto, lo más remarcable es la estatua de Tsongkhapa [fundador de una de las ramas del budismo] de 18 metros que alberga la última de las cámaras (pabellón Falun). Bastante impresionante. No obstante, lo que más me ha llamado la atención ha sido ver las estatuas de las divinidades budistas que, en realidad, son casi iguales (al ojo occidental ignorante como el mío) a las hindúes (por si no lo sabíais los segundos descienden de los primeros y siguen manteniendo muchas de sus manifestaciones artísticas). Algunos compañeros han tratado de explicarnos cosas del budismo pero la verdad es que ni ellos mismos lo tenían muy claro. Con tantas sectas, niveles, estados, figuras y deidades que hay no me extraña. Ah y, por supuesto, también he visto a budistas rezando en el templo. No puedo repetir el ritual que realizan pero se me ha quedado grabado el hecho de que SIEMPRE quemen incienso en las entradas y ante las estatuas (apoyándolo en la frente con las manos) y que coloquen las palmas hacia arriba y en las esquinas superiores del cojín en que se arrodillan. Por cierto que otro detalle que no puede pasar desapercibido al visitante es la simetría. Perfectamente calculada y establecida en cuadros, estatuas, pinturas y cualquier otro tipo de ornamento. Es una pena que no estuvieran permitidas las fotos en el interior porque la verdad es que el templo es precioso y está tan ricamente decorado que no podría describirlo.

Aprovechando que estábamos en la zona nos hemos pasado por el Templo de Confucio (el segundo en importancia de toda China) y ha sido decepcionante. Estaba todo en obras así que salvo un edificio central y la estatua de Confucio no había mucho más que ver. Supongo que para el año que viene lo dejarán impoluto.

Al salir del templo no perdimos oportunidad y nos montamos por fin, como buenos turistas, en los rickshaws (por supuesto, tras regatear como buenos chinos, juas juas). Ha sido un paseo de una hora por un Hutong de los alrededores donde, entre otras cosas, nos han enseñado la casa donde Mao vivió durante dos años. Por el camino también hemos podido disfrutar de la vista del Templo de la Campana y del Templo del Tambor, aunque no hemos llegado a entrar. Si algún día podéis recorrer un Hutong en rickshaw, por favor, no dejéis de fijaros en lo primario de la estructura (sin frenos, sujeta con cuerdas, endeble,…). No alcanzo a entender cómo pueden mover a dos personas en semejante vehículo. Estos chinos no están delgados, no. Fijo que son pura fibra.

Ah, hoy he aprendido en clase lo que son los Fuwan (niños afortunados). Se trata de cinco pequeños animalillos muy monos cuyos nombres en chino componen la frase “bienvenidos a Pekín”. Como podéis imaginar hablo de las mascotas olímpicas. Ahora que los conozco me voy fijando y los veo en todos los sitios. Por ejemplo los vi el miércoles por la noche en la Casa del Té más famosa de Pekín (Laoshe Cha Guanr) donde disfruté de un espectáculo a lo José Luis Moreno que incluía ceremonia del té, ópera, artes marciales, magia, canción popular, acrobacias varias y una actuación muy rara de dos chinos que imitaban los sonidos de manera increíble. No estuvo nada mal y probé una especie de pinchos chinos que, bueno, no están tan mal. Ahora lo que sigo sin tragar es el té (lo sé, para que voy a una casa de té…), pero bueno. Estuvo bastante bien.

Ayer visitamos otro mercado de la ciudad (Yashow shichang), pero esta vez fue en Sanlitun (zona de salida occidental). Puede que sea porque están más acostumbrados a vivir (que no a ver) a occidentales o puede que simplemente tuvieran el día vago, el caso es que me encantó comprar allí. Eran muy amables y nada agobiantes así que, para un occidental, perfecto. Eso sí, cabezones como nadie. Tuve que sudar para regatear ¡hasta los céntimos! Pero bueno, logré hacerlo en chino así que, con la tontería,¡¡anda que no practiqué ni nada!! Jeje

Esta noche salgo para Datong así que ya os contaré a la vuelta qué tal. Mientras tanto, y para acabar, os diré que el otro día iba en el ascensor con una estudiante asiática y su familia y ¡¡la hermana pequeña se escondía de mi!! ¡Que le daba miedo! Qué triste ver esconderse a una renacuajo entre las faldas de su madre porque tu apariencia la asusta. Ahora que el resto de la familia se reía un montón, jeje. En fin. Y eso que la profe nos dijo el otro día que a los chinos les gustan mucho los extranjeros. No sé si creérmelo, puede que solo sea el discurso oficial… Por cierto que, cuando estamos en clase y hablamos de cosas como los inmigrantes chinos, los pobres o Taiwán, los profes ¡¡bajan la voz!! Qué fuerte, ni que hubiera micrófonos en el suelo o las paredes…

domingo, 15 de julio de 2007

Semana culinaria

Buenos díasssssssssssss (tardes para mi)
Veo que me vais dejando mensajitos y quiero que sepáis que se agradecen ¡un montón! Me hacen mucha ilusión, de verdad, así que no os cortéis y seguid escribiendo, jeje.

Un taiwanés me ha aclarado que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, en Taiwán la gente no escupe por la calle, apenas quedan los que descansan en cuclillas y desde luego que no entienden el gesto de la mano hacia atrás como “mañana”. Está bien saber que en Taiwán ¡no funcionan así!

Esta semana la verdad que no ha sido tan productiva como la anterior pero supongo que es normal. Al fin y al cabo no importa lo lejos que uno esté, siempre acaba instalándose la rutina (un ir y venir continuo y desorganizado pero continuo siempre). Aún así tengo cosas que contaros, no os penséis que os libráis, jeje

Para empezar con el plato fuerte os cuento que ya por fin he visitado la Ciudad Prohibida (Gu gong). Por mal que me sepa escribir esto lo cierto es que me decepcionó un poco. Matizo: me decepcionó la entrada. Supongo que todos habéis visto la típica entrada con los Puentes de mármol (esta de la izquierda) así que sabéis de lo que hablo. Se trata de una imagen panorámica de la entrada a la Ciudad y, al ser panorámica, se ve enorme. Claro, cuando entras y esta abarrotado de turistas (entre 200 y 300 mil diarios frente al millón-millón y medio diario de Tiananmen) y, encima, en obras, pues te sientes un poco defraudado. No obstante, he de reconocer que no escogimos un buen día (sábado y a mediodía) aunque me han comentado que durante la semana los turistas siguen entrando a cientos. La verdad es que uno no puede sino preguntarse cómo lograban orientarse los chinos entre tantos callejones y templos y casas todas iguales (porque la uniformidad se impone en casi todo el recinto) aunque imagino que no todos tienen una memoria pez como la mía. La verdad es que tuvimos un poco de mala suerte porque el día estaba de todo menos soleado así que las fotos no salen muy allá aunque la que hice desde lo alto del (entonces) parque imperial (exterior) de Jing Shan (donde se encuentra el árbol en que se dice se colgó el último emperador Ming ante la inminente llegada de los Manchúes) es bastante impresionante. Todo lo que abarca esta foto es la Ciudad Prohibida y más allá de la niebla contaminada (solo 100 de cada 365 días del año está despejado en Pekín, ejem, viva el aire puro…) continúa; imaginaros. Precisamente por tener estas dimensiones se hace imposible visitar la Ciudad adecuadamente en solo unas horas. De hecho, creo que volveré a entrar una vez más porque apenas me dio tiempo a ver nada (el Jardín Imperial, el Salón de la Suprema Armonía, las Calderas y algún pequeño museo de la Emperatriz y Concubinas). Es que solo cruzar la Ciudad ya te lleva un buen rato y si encima está que no cabe un alfiler pues podéis imaginaros. Además, ver las cosas sin saber lo que representan es un rollo porque no me entero. Por ejemplo, al pasar por una de las puertas vimos una especie de caja grande roja con emblemas amarillos que TODO EL MUNDO tocaba y, aún sin tener ni idea, nosotros no fuimos menos y la tocamos también. De lo que sí me enteré fue de las bolas o tachuelas esas raras que sobresalen en las puertas. Por aquello que os explique de los números todas y cada una de ellas están adornadas con 81 (9x9). No dejaban nada al azar estos chinos, ¿eh?... La anécdota del día fueron dos en realidad. La primera fue que, al salir, Marina y yo quisimos hacernos una foto al lado de uno de los guardias de la Ciudad (de estos que van más tiesos que una vara) y, para nuestra sorpresa, en cuanto nos acercamos, ¡¡huyó de nosotras como de la peste!! El guiri que nos hacía la foto se partía la caja, y no me extraña, porque se nos quedó una cara de “oye, qué pasa tío, que hay que pagarte un plus para hacerte una foto o qué”. Muy fuerte. Más aún fue el momento que yo denomino “Victoria Beckham”.

Resulta que nos cruzamos con un grupo de escolares chinos que, por lo visto, no han visto una pelirroja en su vida así que tras mucho mirarme y remirarme (sin ningún disimulo, of course), por fin se atrevieron a hablarme. Primero vino uno que en inglés macarrónico, pero con mucho mérito, me preguntó si podía hacerse una foto conmigo. Le dije que sí y en cuanto acabó vino otro a lo mismo. Volví a aceptar y ya me di la vuelta para seguir hablando con Marina. Me di cuenta de que no paraba de mirar hacia atrás y cuando le pregunté me dijo “es que te están haciendo todos ¡¡fotos y vídeos!!”. Qué ridículo madre mía. Pues por si no tenía poco se me volvió a acercar otra niña que me pidió educadamente otra foto. Volví a aceptar (heme yo aquí con ella) y acto seguido vino otra y a mi ya me dio la risa porque con ella ya la gente fue a saco paco con las cámaras y en un instante tenía un grupo entero de gente delante de mí con sus digitales apuntándome. Por supuesto, ya sí que no pude más y me fui. ¿Os imagináis lo surrealista de la escena? Ni que fuera un monumento o algo así…
Por cierto que me han confirmado que es cierto que dentro de la Ciudad Prohibida abrieron un Starbucks aunque nadie sabe si lo llegaron a retirar. Yo no vi ninguno, claro que como para poder verlo todo en unas horas…

Otro de los sitios en los que he estado esta semana ha sido el parque de Taoranting. Además de hermoso y auténtico (creo que éramos los únicos occidentales del lugar), me permitió disfrutar de las únicas luces en el firmamento que se atreven a brillar entre tanta contaminación. Por supuesto, me refiero a las cometas chinas (mucho más sofisticadas que las occidentales y toda una tradición aquí). También vi a grupos espontáneos practicando taichi y a un grupo de chinos que, en plan dominguero, cantaban y tocaban, animando bastante el lugar. Fue muy bonito, una de las mejores sensaciones que he tenido desde que he llegado aquí ha sido esa, sin duda. Tanto, que me vino la inspiración y me puse a escribir y escribir hasta que se hizo de noche.

La última gran experiencia de esta semana ha sido culinaria. Hemos tenido la gran suerte de acertar más que nunca con los restaurantes y, gracias a eso, hemos disfrutado de la cocina coreana (creo que el nombre del plato es “caldero mongol” pero no estoy segura; si os toca, no dejéis pasar la oportunidad. Está exquisito) y de la china en estado puro (cerdo agridulce auténtico, bambú con setas, pollo con no sé qué verdura riquísima…). Y, además, yo también he comido esta semana joroba de camello (os diré que es una carne muy jugosa y está ¡buenísima!) y patas del pato. Por cierto que algunos compañeros ya han probado los escorpiones y dicen que saben a patatas fritas, aunque yo me niego a comprobarlo. En todo caso probaría la serpiente que, por lo visto, es uno de los platos estrella de Hong Kong.
Ah, por si acaso no os lo había dicho, aquí no te pides un solo plato. Se pide siempre en conjunto, varios platos, y se van rulando (nunca mejor dicho) en la mesa, que para eso tiene un cristal circular movible.

Con respecto al bambú os voy a contar una curiosidad. Resulta que es la materia prima de los kuaizi y dado que estos son de usar y tirar, ¿alguien se ha parado a pensar en los millones de palillos que se consumen cada día solo en China? Normal que cuando hablan de ahorro de energía en este país surjan problemas muy inconvenientes relacionados con la tradición. Ah, esta semana nos dieron una charla acerca de las políticas del medio ambiente en China y la mentalidad aquí (me atrevería a decir que como en todo el mundo) es “cómo seguir produciendo al mismo ritmo [vertiginoso, como ya sabéis] con los menores daños posibles”. Ni siquiera se plantean remotamente controlar el ritmo productivo… Y esto nos lo contó el que fue máximo dirigente del UNEP (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) así que si un chino de este nivel que asesora al gobierno piensa así, imaginaros qué se puede esperar de cualquier otro… Ya se puede preparar el mundo, porque entre EEUU, China, UE y, en nada, India, vamos a dar con el planeta en dos días…

Ah, otra gran experiencia muy asiática (véase Lost in translation, de Sophia Coppola) es ir al karaoke. Está claro que la imagen que tenemos en Europa de un puticlub es radicalmente opuesta a la que tienen en China porque, si no es así, ¡no entiendo por qué decoran estos lugares de esta manera! En mi espacio hay colgadas fotos aunque nada es comparable a verlo en persona. Toda una experiencia.

Este finde volvimos a salir, como no. El viernes estuvimos de nuevo en Sanlitun y ayer en Wudaokou, que es uno de los barrios más animados de Pekín. Parece mentira que haya tanta fiesta en esta ciudad. Y no es por la cantidad de occidentales que hay porque los pocos días que hemos salido nos hemos encontrado siempre con los mismos. De momento no tengo las fotos pero más adelante me las pasarán. Si ya tenemos un montón en solo dos semanas, no quiero pensar en la cantidad tan ingente que acumularemos al cabo de dos meses. ¡Menos mal que se nos ocurrió la feliz idea de grabar DVDs al final de todo el viaje porque si no es un jaleo pasar las fotos cada dos días!

La semana que viene me voy de finde a Datong que, según me han contado, es la ciudad más sucia que un occidental haya visto nunca. Por supuesto, no vamos por eso sino por las excursiones que parten de allí.

Ya os contaré qué tal.


Pd.: una gran noticia, ¡ya comienzo a controlar los kuaizi!

martes, 10 de julio de 2007

Muy, muy largo

Holaaaaaa. Fiel a mi cita aquí estoy otra vez. Bueno, lo primero que tengo que hacer hoy es pedir disculpas por esta cabeza que tengo porque, aunque me apunto las cosas, se me va el santo el cielo y me acuerdo de detalles al cabo de los días. Supongo que si estuvierais aquí os pasaría lo mismo. Antes de meterme de lleno a contaros las últimas visitas voy a dejar caer pequeños apuntes inconexos en su mayor parte que he ido recopilando en estos días. ¡Espero que os sorprendan y os interesen tanto como a mí!

Para empezar recordé dos clases de trabajo que, como os decía el otro día, resultan inverosímiles en España. Me estoy refiriendo al “tío del aire acondicionado” y al “tío de las cestas”. Es muy evidente que el primero se dedica única y exclusivamente a estar sentado en una silla en un lugar específico de la universidad esperando a que las profesoras vayan a buscarlo para que, con su mando a distancia, encienda el aire acondicionado en las clases. Gran tarea irreemplazable. El segundo, aunque no menos importante, soporta la dura carga de repartir las cestas del supermercado según van entrando los clientes. Buf, cómo sobreviviría el mundo sin él… (soy irónica, no puedo evitarlo, jeje). También tengo que deciros que el gesto equivalente a “ayer” (la mano hacia atrás) y a “mañana” (la mano hacia delante), en China significa justo lo contrario. Es decir, que lo que para nosotros es “ayer” para ellos es “mañana” y al contrario. Poneros a hacerlo, ¿a qué no es tan fácil cambiar el chip? Jaja. Ah, uno de los grandes gazapos que he corregido es el de los puntos cardinales. Aquí empiezan siempre por el este (por algo estamos en el este) y siguen con oeste, sur y norte. Me pregunto si en Nueva Zelanda empezarán por el sur…

Otra pequeña cosita que se me olvidó comentaros es que yo subí a la Gran Muralla (Mutianyu) en funicular pero existe la posibilidad de llegar hasta la muralla subiendo 1000 escaleras (ni una más, ni una menos) que llevan desde la falda de la montaña hasta arriba. Podéis imaginar lo que supone subir tantas escaleras y, más aún, cuando, al llegar, ¡todavía tienes que visitar la muralla! Acabas derrotado. Más de uno se ha dado la vuelta a mitad de camino y ha optado por el funi (normal). ¿Cómo harían los chinos de entonces para subir y bajar y moverse por la muralla con facilidad? La verdad que no lo entiendo. Físicamente son más bajitos que nosotros. Si a mí ya me costaba subir escalones de 30 o 40 centímetros (que sepáis que en inglés el verbo utilizado en este caso es climb [trepar], mucho más a tono), ¿cómo podían hacerlo ellos con las piernas aún más cortas que las mías? Inexplicable. Por cierto que la bajada fue en tobogán, jejeje (hay una foto en mi espacio). Surrealista total.

Un aspecto muy interesante de China (zhongguo) es, evidentemente, la lengua china (zhongwen o hanyu [la lengua de los Han]). Sin entrar en mayores menesteres os explicaré cómo adaptan los chinos los sonidos occidentales a los suyos (he de decir que con la fonética tan simple que tenemos en castellano aprender la china es una tarea, buff, no sé ni cómo calificarla; en clase debemos sonar como garrulos). Técnicamente ellos oyen la pronunciación y lo adaptan a la suya, escribiendo los caracteres que se corresponden con la sílaba y el tono elegidos. Por ejemplo, Es-pa-ña se corresponde con Xibanya. Ahora bien, aunque se empeñen en decir que la elección del equivalente chino de los países se realiza al azar (fonético, se entiende), lo cierto es que los significados de los caracteres son mucho más que significativos. Siguiendo con el ejemplo de España os diré que viene a ser algo así como “el grupo del límite del oeste” (ya se lo podían haber currado más los jesuitas, ¿no? jeje). Si no os convence mirad esto:
- Reino Unido: “la tierra de los valientes” (y es tierra de conquistadores…)
- Francia: “la tierra de las leyes” (sobran comentarios)
- Alemania: “la tierra de la sabiduría” (pensad en filosofía…)
- América: “la tierra de la belleza” (del mismo modo que en inglés los estadounidenses se denominan americanos [pues por algo fueron los primeros en constituir un país en América continente], los chinos llamaron a Estados Unidos a partir del nombre del continente y no de el país en concreto).
- Rusia: “la tierra del hambre” (¡pobres rusos!)
A mi me parece que o bien el lenguaje es caprichoso o bien los chinos tenían muchas ganas de definirnos a todos. Yo me inclino más bien por lo segundo porque en esta lengua existen otras expresiones del tipo “difícil de mirar”, es decir “feo”, que te dejan pensando que a este pueblo le gusta demasiado definir como para dejar al libre albedrío la elección de los nombres. Es más, la mayor parte de los nombres chinos siguen el mismo esquema que os he explicado por lo que casi todos tienen un significado (Xiaoyu: pequeña lluvia). Ah, aprovechando esto de los nombres os anuncio (no sin retraso) que en este país he sido rebautizada (siguiendo, de nuevo, el mismo sistema que ya os he explicado) como Tìne (pronunciado Ti [i corta y descendente] na [a muy suave, muere antes de salir de la boca]). No me gusta nada de nada, pero de momento me lo dejo. Ya si eso más adelante me lo cambio por otro con un significado y una fonética más chula.

Cambiando de tema he de corregir mi primera impresión sobre la comida china. De hecho, más que corregir, matizarla. Sí que hay pescado y verduras (y también frutas). El problema es cómo lo cocinan. Es por eso que nunca pedimos de lo primero en los restaurantes. Así que eso, que sepáis que me equivoqué yo. Es importante que recordéis esto porque, a diferencia de otras muchas partes del mundo, aquí no existe el problema de la malnutrición. Aunque las cantidades varíen con respecto a la dieta mediterránea, lo cierto es que los chinos comen de todo.

En lo que respecta a las visitas tengo que hablaros de El Templo del Cielo (Tian Tan). Para empezar debéis saber dos cosas. La primera de ellos es que se trata de una traducción errónea puesto que ningún edificio de los que existen en el complejo (con lo cual, tampoco es un templo único) lleva ese nombre. De hecho, el edificio más famoso del lugar lleva el nombre de Qinian Dian, es decir, el Templo de las Rogativas (donde el emperador oraba por las buenas cosechas) y es, he aquí el segundo apunte, el símbolo por excelencia de Pekín y de la arquitectura china. Afortunadamente para mí no hace ni dos años que lo restauraron de arriba abajo así que llegar y ver tantos colores y tan vivos impresiona cantidad. Sobre todo cuando lo comparas con la sobriedad (y aburrimiento) que, para mi gusto, arrastra el estilo europeo de la época (siglo XV). Sobre este sitio debéis saber además otros muchos detalles como que predomina el rojo (color de la felicidad y la prosperidad), el amarillo (color del emperador) y el azul (el cielo); que los círculos representan el cielo y la base que enmarca el lugar es cuadrada (en la concepción china del universo la tierra era cuadrada y el cielo redondo y, dado que el emperador [literalmente es “el hijo del cielo”] suponía la unión en equilibrio de ambos, el lugar donde este se preparaba para orar debía estar en conexión con lo anteriormente explicado. Por cierto que por aquel entonces, y si me apuras hoy en día también, se adoraba a los ancestros (la religión es la familia, que tiene un peso fundamental en todos los aspectos de la vida) y a los astros y la naturaleza. Ah, y el número de círculos es impar porque, siguiendo con la misma filosofía que os cuento en el siguiente párrafo, el impar es mejor que el par (de ahí que el número imperial fuera el 9 [el dígito impar más grande] y la Ciudad Prohibida cuente con 9.999 habitaciones). Como curiosidad os diré que el número de flores que tiene un ramo chino actual son nueve y que las bodas tradicionales, no las modernas occidentales, se realizan con trajes rojos. Por cierto que lo del color le trajo tantos problemas a Mao que intentó cambiar los semáforos de forma que rojo fuera “adelante” y verde “parar” (fue un caos y no duró).

Siguiendo con Qinian Dian os diré que antes de llegar se pasa por la Bóveda Imperial, flanqueada a la derecha por el templo donde se guarda aquello representativo del Yang (el día, el sol, la brisa, lo masculino …) y a la izquierda por el templo donde se guarda todo aquello relativo al Ying (la noche, la lluvia, la tempestad, lo femenino,…). Más allá de la típica reacción feminista (Sócrates no se llevaba mucho con esta concepción de la mujer y es uno de los grandes), lo que hay que extraer de aquí es la idea de equilibrio. De que una cosa necesita a la otra para existir. El hombre con la mujer, la noche con el día, el sol con la luna y, por supuesto, lo bueno con lo malo (si no fuera así no podríamos ni siquiera concebirlo). No sé si os estoy aburriendo pero es que a mi esto me parece fascinante. Creo que la explicación que he dado es la correcta pero trataré de asegurarme, por si acaso. Otra cosita curiosa de este sitio es el Muro del Eco. Tal y como reza su nombre, se trata de una construcción que permite el eco (la idea era que las oraciones del emperador resonaran de tal forma que permitieran “establecer” un diálogo con sus ancestros), pero todo el mundo comete el error de obviar el hecho de que para orar el ser humano suele arrodillarse. Eso significa que, de pie (como van todos los turistas, chinos incluidos) no se produce el mencionado eco, así que lo único que hacemos dando palmas y poniendo el oído es el tonto.

Cositas de estas os seguiré contando a medida que yo me entere. Porque no penséis que todo esto yo ya lo sabía. Qué va. Lo que ocurre es que la mitad de mis compañeros viene de Estudios de Asia Oriental, con lo cual me cuentan cosas súper interesantes porque saben un montón (el día que me meta con el feng shui no acabo…). Pero bueno, yo también estoy intentando empaparme de todo así que ayer mismo comencé con otros compañeros un ciclo de cine chino que inauguramos con The Road Home, de Zhang Yimou. Por lo visto es un clásico y, teniendo en cuenta el ritmo y los diálogos de la peli, me lo creo. Lo que más me gustó es que me sentí identificada con los niños de la escuela. Ahí estamos mi grupo y yo aprendiendo el nivel de los parvulitos chinos (“¡norte!, ¡sur!, ¡este!, ¡oeste! [mierda, no, al revés; ¿veis como cuesta?], ¡el mar!, ¡la primavera!...), qué triste madre…

Finalmente, voy a despedirme explicándoos porqué no debéis consumir ningún otro alcohol que no sea la cerveza mientras estéis en China. El motivo es que aquí lo destilan con metanol en vez de con etanol como hacemos en Europa. De ahí que a muchos les siente fatal y hasta se vean obligados a ir al médico.

Buf, cuánto ha sido este viaje. ¡Espero que os haya gustado!

Tìne

viernes, 6 de julio de 2007

La gran anécdota

Ya estoy aquí otra vez. Y para no variar tengo mucho que contar. Supongo que lo más fácil es empezar por lo que he hecho estos dos días así que vamos a ello.

Como os adelanté fui a darme un masaje, aunque la experiencia fue algo más peculiar de lo que cabría esperar. Resulta que el spa (con ese nombre colgado en la puerta) no era tal, sino un ¡puticlub! Os cuento. Aquí en China en vez de existir los clubs de carretera como en España lo que se lleva son las peluquerías y spas con servicio de masajes. Por supuesto, eso nosotras no lo sabíamos y más ignorantes que nadie fuimos al spa de aquí al lado (ya nos mosqueó un poco que estuviera pintado de rosa…) y en cuanto pusimos el pie en la escalera el portero nos dijo que no. Claro, podéis imaginarnos intentando explicar que queríamos un masaje: lo cogimos y nos pusimos a hacer como que le dábamos un masaje diciendo “anmo, anmo, women yao anmo” (masaje, masaje, queremos masaje), que es la palabra que aparece en el diccionario. Pues no había manera. Julia decía que nos pedía una tarjeta especial y Marina hacía acopio de fuerzas (es la que más controla de todas nosotras) para entender todo lo que nos decía. A todo esto que sale uno se seguridad trajeado y con el pinganillo en la oreja y empieza a hablar con el portero señalándonos. Y en ese momento dice Ali: “oye, este es el carácter de ofrecer trabajo/buscar empleados”, y digo yo “ah sí, pero según el carácter que aparece al lado solo quieren mujeres”… Qué ridículo. Entonces se le encendió la luz a Marina y nos dimos cuenta de que eso era un puticlub!!!!! Bueno, por eso y porque nos dijeron “vosotras no podéis entrar, pero vuestros amigos sí”. Qué risas. Pues no acaba aquí la cosa, no. Al cabo de un rato nos contaron que es que la palabra “anmo” es el eufemismo chino de ¡¡puta!! Yo no sé esa gente que pensaría de nosotras “panda de depravadas occidentales, que vienen buscando putas para ellas!!”. Qué risa, qué risa. Ahora ya sabemos cuáles son los puticlubs y cómo se anuncian las prostitutas (en los hoteles llaman por la noche a la habitación ofreciendo masajes). Qué ridículo más grande madre. Ahora que nos tronchamos de la risa todas. Al final encontramos un sitio donde hacían “masajes de verdad” y no estuvo mal, 1h por 6 euros, jejeje.

Las dos últimas noches he cenado en sitios occidentales cuyo precio está fuera del alcance de la inmensa mayoría china (una cerveza me costó dos euros y la cena, aunque barata ambas veces han sido 5-6 euros). Pero bueno, se agradece una ensalada mediterránea y un buen tenedor con su cuchillo de vez en cuando, que estamos ya medio hartos de los palillos (soy incapaz de coger más de 4 granos de arroz cada viaje y, claro, se eterniza demasiado) y las salsas. Por cierto que, por si no lo sabéis, la razón por la que utilizan los kuaizi es poque “las armas están prohibidas en la mesa”. Interesante, ¿verdad? Ah y otra cosa: los chinos duermen la siesta y no admiten que les molesten mientras duermen (aunque bueno, esta gente se queda dormida en cualquier sitio, ¡¡es increíble!!).

Ayer por la tarde fuimos al Mercado de la Seda (Xiushui shichang) y luego al lago Hou Hai. El mercado este la verdad que no tiene mucho. Bueno, si no tienes intención de comprar nada en concreto. Es un edificio de 5 plantas (hace un año estaban todos en la calle) que alberga decenas de puestos de ropa, maletas, bolsos, perlas, maquillaje, gafas, relojes, zapatos, fotografías, pinturas y, por supuesto, seda. Es evidente que en este sitio sí que encontré a muchos occidentales. Lo único que me parece verdaderamente reseñable es que ahí TODO EL MUNDO habla (quien dice habla dice se entiende) inglés y… ¡¡¡castellano!!! Resulta que somos nosotros los que más les compramos así que en cuanto te oyen empiezan “amigo, amigo, qué te gusta, cuánto pides”. Y en inglés no se cortan: desde “my friend, my friend” hasta “hello sexy lady”. Muy fuerte. Por algo será que también copian a Custo. Para ser sincera no me gustó demasiado el sitio, sobre todo porque los chinos eran SÚPER agresivos. Yo tuve un episodio súper violento con una china que acabó hasta dándome un golpe en la espalda (si la veis agarrándome de las muñecas, el bolso, la camisa, …). Es que no se dan cuenta de lo agresivos que resultan para los occidentales. De verdad que alguien debería explicárselo porque si fueran más suaves estoy convencida de que venderían el doble. Es que es súper agobiante, no podéis imaginarlo. ¡Si hasta te persiguen de tienda en tienda! En fin, que se le quitan a una las ganas de comprar (y menos de regatear).
Hou hai, sin embargo, ME ENCANTÓ. Es un lago de Pekín súper grande y como dividido popularmente en dos zonas: occidentales a la izquierda (por cierto que aquí el orden es este, oeste, sur y norte; y los compuestos son en plan oeste-norte, este-sur, etc.) y orientales a la derecha. Pero bueno, yo lo vi todo mezclado: gentes, comidas y música. Ah y a la entrada vi a un montón de chinos bailando música tradicional (en plan versión china de un vals). Es una pena que fuera de noche porque las fotos no salen nada nada bien, pero bueno, volveré de día que también hay tiendas y muy chulas. Ya lo veréis ya.

Ya llevo un montón escrito pero, en fin, voy a seguir. ¡Es que tengo tanto guardado en la cabeza que me da miedo perderlo si no lo plasmo en palabras! Os voy a contar ahora algunas curiosidades. Para empezar es una costumbre china escupir por la calle. Sí, sí. Por asqueroso que os resulta si venís aquí no podéis daros por ofendidos porque es costumbre popular. Ahora bien, el gobierno chino (consciente de la imagen que generan en Occidente) ha decidido acabar con esa costumbre y ahora está prohibido bajo multa de 150 yuanes o algo así. Para lo que era creo que sí que ha funcionado, aunque eso no quita para que todos los días vea (y oiga, eggggggg) a la gente practicando este rito. Por mucho que quieran preparar Pekín para los Juegos (en la tele hay anuncios de chinos sonriendo que ayudan a los extranjeros extraviados, ya sabéis cuál es la idea no? “nuestra sociedad es tan perfecta y estupenda que no podemos sino enseñárselo a los demás”) no estoy nada convencida. Las obras yo creo que podrán acabarlas y dejarlas listas (la cifra oficial es de 1 o 4 personas fallecidas pero se calcula que solo en un accidente en el estadio hace unas semanas murieron 400 obreros) porque con la caña que se meten y el poco tiempo que pierden en seguridad (hasta las que limpian mi residencia sacan todo el cuerpo afuera para limpiar las ventanas [hay hasta 17 pisos], casi me caigo del susto cuando las vi el otro día) … Además, si Atenas pudo fijo que Pekín también. Pero el servicio al ciudadano extranjero está por verse. Para empezar esta ciudad tiene una contaminación IMPRESIONANTE. Llega hasta tal punto que el gobierno bombardea las nubes con no sé qué de plata para despejar el cielo y conseguir que llueva. Han asegurado que pueden controlar el tiempo, o eso dijeron cuando los atletas se quejaron (aquí no respirarán ni de casualidad; 1 día en Pekín son 10 cigarrillos…). Visto lo visto, yo me lo creo.

Otra historia son los taxis. Mejor dicho, los taxis-suicida. Aquí la gente pasa de carriles, de semáforos, de cedas, etc. En fin, que pasa básicamente de las reglas básicas de la conducción. Adelantan por todos los lados, se meten en cualquier hueco, atraviesan toda la autovía de derecha a izquierda, no ponen intermitente, cruzan a la vez (en verde o en rojo, qué más da!) peatones, autobuses, ciclistas, rikshaws, motos, coches, carros,… Bueno, bueno. Ali decía ayer que normal que el seguro de la beca nos cubra tanto, jeje. Y para qué voy a hablar de los baños. Son orientales claro (el plato de la ducha y ya está). Asqueroso, yo aún no he puesto el pie en ninguno (así que vuelvo siempre a la residencia con una prisa!!!!jaja).

Bueno, que me queda un montón por contar pero ya lo hago mañana.

Un besín