miércoles, 17 de octubre de 2007

Bye bye Dublin

Bueno, otra vez aquí. No solo esta es seguramente la última entrada que escriba en la ciudad de Dublín sino que, una vez más, vuelvo a estar en camino hacia un nuevo destino. Pero bueno, eso es otra historia que ya contaré la semana que viene cuando (con suerte) ¡ya haya encontrado piso!

Este fin de semana he visitado Galway, tal como os dije. La verdad es que en conjunto la excursión no fue demasiado boyante, por no decir que nos decepcionó a casi todos. No obstante, tuvo sus momentos.

Llegamos el viernes por la tarde después de cuatro eternas horas en un bus. La primera sorpresa fue descubrir un albergue gigante y súper bien preparado donde primaba la presencia española por doquier. Después de los trámites de rigor, y una precaria cena, salimos a tomar algo tranquilamente a uno de los muchos pubs genuinamente irlandeses de la ciudad.

Al día siguiente cometimos el error de visitar las islas Aran. Y digo error porque, literalmente, allí no hay nada. No sé por qué casi todos nos esperábamos otra cosa. Yo en concreto no sé muy bien qué idea llevaba pero lo cierto es que, después de escuchar a mi profesor decir fascinado que las islas son uno de los pocos lugares donde “se siente el silencio” pues no sé, como que le veía cierto misterio al asunto. La única verdad es que claro que se siente el silencio, ¡como que no hay nada en toda la isla! Solo rocas y más rocas con cuatro casas desperdigadas por el camino. En fin, por lo menos puedo decir que he estado ¿en el culo de Europa?.

Decepcionados con la excursión y aprovechando la estancia en una de “las mejores ciudades de Irlanda”, en pleno sábado noche, decidimos salir de bares. He de decir que fue una de las pocas cosas que salvó el finde porque nos lo pasamos de lujo (yo por lo menos), jaja. Además, los bares estaban genial, había mucho ambiente y mucha gente por todas partes. Así que la conclusión fue positiva (al menos esa madrugada, jeje).

Tras el inevitable despertar del domingo no quedó otro remedio que salir a arrastrarse a un lluvioso exterior donde recorrimos Galway en el increíble record de dos horas escasas. Y es que aquello es enano. Cierto es que es bonito pero, en fin, para ser sincera, solo me pareció más de lo mismo (de Irlanda, se entiende). Mi host family dice que prefiere Galway a Dublín pero vamos, que yo todo lo contrario.

En fin...

¡¡¡¡¡Deseadme suerte en Berlín!!!!!

martes, 9 de octubre de 2007

La Calzada de los Gigantes


Bueno, aquí estoy otra vez para acabar de narraros mi fin de semana. El domingo, bien prontito por la mañana, nos montamos en un bus dispuestos a disfrutar de una ruta conocida como “La calzada de los gigantes”. La verdad es que yo no la conocía de nada pero había unos cuantos que habían oído que era una zona muy bonita así que allá que nos fuimos pagando 5 maravillosas libras, en vez de las cotidianas 12 o incluso 20 que cuesta la excursión, gracias a un ofertón del momento, jeje.
Total, que un conductor con acento escocés (eufemismo de un acento que apenas se puede entender) y muchas ganas de hablar nos llevó hacia el norte donde tras unas tres horas de tour alcanzamos un lugar cuyo nombre no recuerdo conocido por un puente colgante (el de la izquierda) que une una isleta con el continente. Para llegar ahí debes caminar un kilómetro aproximadamente por un camino paralelo a la línea del mar así que, como podéis imaginar, las vistas no están nada mal. Además nos hizo un día típicamente inglés así que la cosa tenía otro encanto, jeje. Aún así el agua era cristalina e inexplicablemente verde en algunas zonas así que entiendo que en verano, con días soleados, el lugar sea de lo más turístico.



Por otro lado está la Calzada de los Gigantes en sí misma, que era el objetivo del viaje y que está compuesta por acantilados y rocas escalonadas y curiosamente deformadas por el agua. Tuvimos suerte y llegamos al lugar a una hora estupenda porque el atardecer estaba cerca así que la luz era fantástica y las fotos han quedado preciosas (recomiendo fervientemente que le echéis un vistazo al espacio). La idea básica es caminar paralelamente a la costa y fotografiar a diestro y siniestro lo que se mueve y lo que no porque, creedme, merece la pena. Además, con la tontería del paseíllo y el sol del otoño al final resultó que la chaqueta sobraba así que aún mejor. Y como aquello es grande pues tampoco es que hubiera aglomeraciones de turistas en plan Benidorm, así que genial, vaya.

Este finde hemos hablado de ir a Galway (oeste de Irlanda) porque, por lo visto, toda esa zona, es la Irlanda más auténtica, donde se aprecia a los irlandeses en estado puro (no creo que sea casualidad que sea en esa zona del país donde se concentra la población que habla gaélico).

Ya os contaré, porque también esta semana aprovecharé para hacer turismo por Dublín así que la semana que viene tiene pinta de llegar cargada de noticias, jaja

Belfast

Queridos todos:

¡Vaya fin de semana! Como os adelanté, estuve en Belfast el sábado y el domingo pasados y estuvo muy bien. La verdad es que la ciudad en sí no tiene gran cosa (salvo un tour del Titanic que se han sacado de la manga porque se construyó allí). Es pequeñita y manejable (a pie llegas a todos los lados) y, mientras te quedes en el centro, tiene pinta de ser bastante agradable. Pero claro, te tienes que ceñir al centro porque como te vayas a los barrios de conflicto… Os cuento.

Primero fuimos al barrio protestante (es decir, la zona unionista) y según pusimos el pie allí nos dimos cuenta de que la zona estaba profundamente herida (y deprimida). Las cosas, los edificios abandonados, las paredes y las ventanas rotas a pedradas, las miradas de la gente (escasísima en la calle),… Se percibe el conflicto en el ambiente. No te quiero contar nada cuando llegas a la zona de los murales. Este de la izquierda con la bandera británica y el escudo de la UDA (Ulster Defense Association) es el más suave que vimos. El más radical para mi fue uno de Oliver Cromwell (revolucionario inglés del s. XVI) que decía “no habrá paz en Irlanda hasta que los católicos sean aplastados” y que, de la impresión, ni siquiera fotografié. Sobre todo porque justo al lado había un par de niños jugando con su padre y no pude por menos que preguntarme cómo podían educar a sus hijos en el odio.

El barrio católico (es decir, republicano), aunque bastante más sutil en su discurso que el protestante y con un aspecto un poco menos dejado, tampoco se lleva mucho (este mural medio borrado de la izquierda dice “25 años de resistencia…¡y otros 25 más si hacen falta!”). Las casas se ven algo mejores pero las calles no se libran de papeles, botellas de plástico y envoltorios varios. Es extraño porque no es basura al uso sino una especie de suciedad que en cualquier otro punto del Reino Unido o Irlanda (en principio) no existe. La sensación que da este barrio es que sale adelante mientras que el otro sigue estancado en algún punto del pasado. Pero claro, todo esto es subjetivo. Por supuesto, si en la zona protestante predominan las banderas unionistas y británicas, en la zona católica abundan la simbología celta (esa especie de trébol que sale en Embrujadas, por ejemplo) y se recupera la lengua irlandesa.

Y todo esto teniendo en cuenta que, según el señor de mi casa, ya han quitado unos cuantos murales. No quiero imaginarme cómo serían esos que parece han borrado. Y bueno, menos aún quiero imaginarme lo que sería la zona hace veinte años… Un auténtico polvorín. Cierto es que nosotros solo nos adentramos un poco en los barrios y vimos unos cuantos de los muchos murales que existen, así que espero que los que me hayan quedado por ver sean pacíficos porque como sean todos del mismo tono… Tendrán que pasar generaciones antes de que todo esto se asiente y forme parte de la historia porque, de momento, mientras los niños sigan creciendo rodeados de las palabras “odio” y “venganza” pintadas en las paredes, me temo que la zona no tiene mucho futuro…

¡Mañana os sigo contando el resto del finde! Por cierto, ya están las primeras fotos colgadas en mi espacio web. ¡Espero que os gusten!

viernes, 5 de octubre de 2007

Trinity College

Holaaaaaaaaa


Bueno, ya estoy aquí otra vez. Lamentablemente no tengo mucho que contar porque he andado tan liada estos días que no he podido hacer mucho turismo por Dublín. Pero que nadie se alarme que eso cambiará esta misma noche, jeje.


La noticia destacada de la semana es que mañana ¡¡me marcho a Belfast!! Menudo coñazo tener que cambiar a libras pero en fin, ya se sabe que los ingleses... jaja. La verdad es que hubiera preferido cualquier otro lugar antes que Belfast porque nunca he oído nada relevante de la zona pero por lo visto hay unas piedras gigantes o no sé qué más antiguas que las pirámides y todo el mundo quería ir a verlas así que al final me animé y me voy más contenta que chupín, jeje. A la vuelta es cuando espero poder colgar fotos (¡sobre todo porque ya habré hecho alguna más que diez que llevo hasta ahora!).


Por cierto que ayer fui al Trinity College a tomar algo porque sí, dentro del propio campus de la universidad (TREMENDO por cierto), hay bares que venden alcohol donde los estudiantes se concentran para hablar y pasar el rato. La verdad es que es muy pero que muy agradable. Los compañeros españoles (que por cierto, parecemos un mapa de España [Ceuta, Córdoba, Albacete, Barcelona, Santiago, La Rioja, Asturias, Canarias...]) decían que había demasiado anglosajón por metro cuadrado pero bueno, ya sabes que para mi nunca hay demasiados, jeje. Lo que sí abundaba era la presencia hispana. De hecho pase al lado de uno que estaba al lado de la puerta del bar diciendo "sorry" justo al mismo tiempo que salía un chico de dentro gritando: "I-SI-DROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO". En fin, si es que los españoles, ya se sabe... jejeje. Luego aún tuvimos un poquito de tiempo para ir a un pub (por-qué-lo-llamarán-pub-cuando-quieren-decir-"edificio de tres plantas ocupado al completo por un bar") gigante llamado O'Neills que, por tener, tenía hasta terraza. Muy bien también. Una pena tener que irnos corriendo a las 11 de la noche para coger el último bus a tiempo...


Pero bueno, de momento todo va muy bien. Mi señora sigue mimándome (¡¡ayer me cocinó tortilla de patatas!!) como siempre y la ciudad me parece cada día más agradable. ¿Será porque no llevo ni una semana?

martes, 2 de octubre de 2007

Átha Cliath

Bueno, ya estoy aquí. En Dublín o Átha Cliath que es lo mismo pero en gaélico. Para el que no lo sepa el gaélico o irlandés es idioma oficial en Irlanda (además del inglés, obviamente), lo habla un 15% de la población (concentrada sobre todo en la costa oeste), es asignatura obligatoria en la escuela y hace muy poquito fue reconocido por la UE como uno más de los muchos idiomas que forman parte de la Unión (aunque no uno de los oficiales). Lo más sorprendente del asunto (al menos a mi me llamó la atención inmediatamente ya que no me lo esperaba en absoluto) es que todos los carteles indicativos, los rótulos de las calles, etc., aparecen en los dos idiomas. Y curiosamente es el gaélico y no el inglés el primero que aparece. Me han informado de que en Escocia hablan el mismo gaélico que aquí (salvo determinadas palabras o expresiones) y el galés, aunque no igual, pertenece a la misma familia lingüística. Por suerte para mi la familia con la que vivo es bilingüe, así que puede enseñarme a chapurrear un par de frasecillas básicas del tipo “quiero una pinta de cerveza” o “dónde queda el pub más cercano”, jajaja. Supongo que me ocurrirá lo mismo que con el bretón (cuyas raíces, si no me equivoco, se hunden también en los celtas), es decir, que en dos días se me habrá olvidado completamente (el sonido es melodioso aunque imposible de reproducir una vez han pasado dos horas, jeje).

Mi host family (o familia anfitriona) no solo es poco corriente por la lengua sino porque son inusualmente abiertos (para lo que se entiende que es un católico [irlandés]) y, además, la señora cocina que da gusto. Son muy interesantes, la verdad. Han vivido en Australia y Londres y han viajado un montón por todos lados. Son extremadamente amables y me dan toda la confianza del mundo para que me sienta como en casa. Además me miman un montón, jeje. Solo llevo aquí un par de días así que es pronto para los juicios de valor pero tengo que decir que, de momento, los irlandeses me parecen gente muy amable. Ah, y su sentido del humor se parece más al nuestro (deducción a partir de la sesión nocturna de chistes con la que me deleitaron ayer). Particularmente divertido fue mi primer encuentro con un irlandés. Fue al llegar al aeropuerto. Tomándome por una compatriota más (se sobreentiende el porqué, jaja) me saludó con un efusivo “hey gorgeous!” (“hola preciosa”) con el que nunca hasta ahora me habían recibido en ningún lado. Una vez explicados mis orígenes, procedió muy campechano él a enumerar las cosas que uno debe hacer cuando viaja a Irlanda. Son, por este orden:
1. – aprender inglés
2. – enamorarse y
3. – sufrir porque te rompen el corazón
Por supuesto, reaccioné con una lógica aplastante ante tales deberes y le dije que, sintiéndolo mucho, tres semanas no me daban para tanto. Él, muy desinteresadamente, se ofreció para ayudarme con el segundo y el tercer punto porque el primero, a quien le importa, sobre todo cuando ya se habla inglés. Jeje, un punto estos irlandeses. Otro ejemplo ilustrativo de este país es la figura de Molly Malone. Uno de los personajes más conocidos del país. Y ¿por qué? Pues muy fácil, porque era (según algunos rumores), una “mujer de la noche” que, además, vendía pescado. Alguien le dedicó una canción y con eso pasó al firmamento de las celebridades nacionales. ¿A que mola eh? jajaja
La verdad es que aquí me siento totalmente integrada, juas juas. No he visto a tant@s pelirroj@s como esperaba (desde luego muchos más que en España) pero me han explicado que eso se debe al altísimo porcentaje de extranjeros trabajando en el centro de la ciudad. Incluso me paran por la calle para preguntarme dónde queda el banco o no sé qué calle, como si fuera una dubliner más. Además soy la única española de una clase petada de “animadísimos” (ejem) suizos [Lisa es tut mir leid aber es ist so!!], aunque se ven compensados con dos brasileños que andan como Pedro por su casa por el colegio (gafas de Rayban incluidas, jaja) y un par de italianas que “cantan” su inglés como solo los italianos saben hacerlo. Yo por mi parte me limito a evitar los americanismos porque ya me han dicho que “yanquis no, gracias” [“debes dejarlos crecer”…jeje, perdón, ¡estaba demasiado a huevo!]. Por cierto que Dublín es una ciudad muy joven (la mitad de la población está por debajo de los treinta) y, aunque cara, parece muy agradable. Además, y pese a lo que me digan, se puede hacer prácticamente andando.