lunes, 18 de febrero de 2008

Pantoja, ¿cuánto cuesta un beso?

Holaaaaaaaa

Bueno, como lo prometido es deuda aquí estoy otra vez. Salvo un par de pequeñas novedades la verdad es que no tengo mucho que contar pero bueno, trataré de hacerlo interesante.

Para empezar he de comunicar que ya he aprendido el alfabeto árabe. Bueno, en principio lo hemos visto en clase pero conseguir, lo que se dice conseguir, que me salgan todos los fonemas es otra historia. En concreto hay una especie de –k- pronunciada con la garganta que bueno, solo os diré que casi me atraganto el otro día intentado sacar algo remotamente parecido de mis entrañas, jeje. Bromas aparte, estoy bastante contenta con las clases. Es cierto que solo llevo un par de clases pero bueno, a mí me parece muy interesante y definitivamente la ortografía es muy bonita. Además, no hay nada como estudiar sin presiones de exámenes y porque sí, no por obligación…
Este fin de semana he visitado Sidi Bou Said, que es el típico pueblo que visita todo el mundo cuando viene a Túnez porque está a 15 minutos escasos de la capital y, realmente, merece mucho la pena. Para los que no caigan, es “el pueblo azul” que sale en todas las guías de viajes sin excepción. Se trata de un pequeño pueblecito en lo alto de un acantilado (traducido: con unas vistas del [claro] mediterráneo estupendas), donde los intelectuales y artistas de hace ya unos cuantos años se reunían a fumar (presumiblemente de la cachimba) y a comer (nota gastronómica: no perderse una heladería italiana con precios tunecinos, hmmm…), jeje. No, en serio, el pueblo está muy bien, y si no, ¡mirad las fotos y decidme si no tengo razón! Lo único que claro, siendo tan pequeñito te lo ves en nada así que las compañeras y yo (aprovechando que éramos tres, el máximo establecido en los taxis tunecinos) decidimos regresar a la ciudad (eso sí, después de tomarnos un té de menta con piñones [indispensable y exquisito, y lo dice una amante del café y no de tés] y un buen plato de cuscus con vistas al mar). Una vez allí visitamos el zoco (donde además de llamarme “tacaña” me tomaron [incomprensiblemente] por senegalesa, me tomaron por puta [“¿cuánto cuesta? Tengo una cama aquí”] y, encima, me llamaron Mari Concha, Pantoja y Mari Carmen [¿¿¿cuál es la edad media de las turistas españolas en Túnez???] En fin, ¡no sé qué me duele más!) y la medina. Ay mami, ¡¡lo que vas a gozar entre tanto puesto!!


Por cierto, no consigo entender los horarios de las mezquitas (¿os he mencionado ya que los no musulmanes tenemos prohibida la entrada?). Unos días suenan a las 14:30, otros días a las 15:00… Digo suenan porque las torres tienen altavoces y es por ahí por donde se les oye cantar (me han comentado que antes, en los tiempos de Mari Castaña por lo visto, como no había tecnología, se servían de uno que subía a la torre y se ponía a cantar para atraer a la gente a la mezquita [menuda garganta debía tener el pobre hombre]). Ah, miedo me da el Ramadán, que yo no sabía que no solo no podían comer sino también beber (¿¿cómo aguantan??). Me han dicho que aquí hay mucha gente que se lo salta aunque eso sí, siempre a escondidas. De hecho, ya me han prevenido para que no se me ocurra POR NADA DEL MUNDO comer o beber en público antes de las 7 (que creo que es la hora a partir de la cual pueden hacer lo que quieran). Os tendré informados…

martes, 12 de febrero de 2008

(De nuevo) Bienvenidos a... ¡Túnez!

¡Ashlema señores!, parece increíble que en tan solo tres semanas uno pueda cambiar de vida tan radicalmente. Hace 20 días disfrutaba un país donde colarse en el súper está muy, pero que muy mal visto. Hoy experimento los placeres del “sálvese quien pueda” en la cola del baño y, especialmente, en la calle, donde la ausencia de aceras convierte cualquier mínima caminata en toda una aventura sin precedentes, jeje.

Pues sí, ya estoy en Túnez capital y, aunque solo llevo aquí una miserable semana (de las más de treinta que me quedan por delante), ya me ha dado tiempo de ver/vivir un poco. Empezando por la anécdota divertida (para aquellos que todavía sonríen al recordar la historia del masaje pekinés), os diré que el otro día me enteré por casualidad que andaba diciendo a los taxistas y a algún que otro tunecino “borracho” en vez de “gracias”, y es que la diferencia entre estas dos palabras es una sola –h- (de sucram a shucram). Vaya, haciendo amigos… Ah, y el misterio de la semana fue descubrir para qué sirve una especie de manguerita que hay en todos los servicios y que ahora ya sé que es ¡el equivalente de la escobilla!

Respecto a la vida en Túnez, por lo poco que sé os puedo decir que les encantan las especias (triunfa la harissa) y los dulces (madre, yo creo que ya he engordado en solo siete días). Y por supuesto regatear. Esto último ya lo comprobé el sábado en Nabeul (ciudad de tradición cerámica, ubicada en una zona de veraneo muy turística), donde estuve de excursión con los compañeros. También visité las cuevas-canteras de El Haouaria, de donde se extrajo parte de la roca que se utilizó para construir El Coliseo.

Ah, antes de que se me olvide, un aspecto muy importante de Túnez es la integración de la mujer. Aquí son todos musulmanes pero son un país tremendamente abierto y avanzado en comparación con otros estados musulmanes. Aquí la mujer trabaja, conduce coches, lleva faldas (hasta la rodilla, eso sí) y pantalones pitillo, no se tapan la cara (de hecho la mayoría de las tunecinas no llevan pañuelo ni nada de nada) y tienen derecho al divorcio. El artífice de todas estas medidas reformistas fue el presidente Bourguiba, que cuenta con una calle en, yo creo, todas las ciudades de Túnez. No obstante, cuando uno observa que apenas hay mujeres en los bares y que a partir de cierta hora de la tarde no hay NI UNA en la calle, no puede sino preguntarse hasta qué punto es real esa libertad…

Este finde le haré fotos al zoco y la medina, ¡a ver si os gusta!

Pd: Las fotos de las excursiones de este finde por Cap Bon están colgadas en mi espacio.