viernes, 31 de octubre de 2008

Viajando por el país: entrega 2

Bueno, en vista de que esta noche es 31 de octubre he decidido no retrasar más el relato de mi viaje. No porque esta noche sea la de las brujas o las almas o cosas de esas, si no porque la semana que viene vuelvo a marcharme de excursión y si no me doy prisa, ¡¡se me van a solapar las entradas!!

La primera parada del viaje fue Gabès, una ciudad del sur del país conocida por lo visto por la calidad de su henna. En realidad no me pareció nada del otro mundo, lo mejor llegó al día siguiente, cuando salimos para Matmata. El pueblo es conocido por sus casas trogloditas, esparcidas por la zona y abiertas al público por un módico precio. Se nota que es turístico por la presencia de los autobuses turísticos y porque algunos sitios (como donde dicen que se rodó parte de La Guerra de las Galaxias) tienen preparado un servicio de comidas dentro de las propias cuevas. Eso sí, no sé en qué planeta de los que se inventó George Lucas olía como allí, porque vamos, me parece increíble que cobren por dormir en cuevas que apestan… Eso sí, fue muy interesante ver la piedra esa con la que preparaban el cuscus (la de la foto). Os aseguro que mover eso no es tarea sencilla.
No obstante, y creo que hablo por todos, lo mejor de viaje fue Toujène, un pueblo perdido entre las montañas (no sé cómo sobrevivimos a esa carretera) en el que tuvimos la oportunidad de compartir algo de tiempo con unos bereberes (de los auténticos eh?, no de pega). Por 15 dinares la noche nos llevaron a Ksar Hallouf (el primero de toda una serie de ksares típicos que nos hartamos de ver en esa zona del país), nos dieron de cenar, alojamiento y desayuno. Además por supuesto de conversación. Fue muy interesante y algo completamente original en el sentido más puro de la palabra aunque tengo que reconocer que oír cómo se desarrolla la vida allí me puso de mala leche. Imagino que los que me conocen lo entenderán al saber que según la tradición bereber, una mujer (llamémosla casi niña) debería casarse a los 17 (edad ideal), porque los 20 ya está un poco pasado el arroz. Sobra decir que la edad ideal de hombre es mucho más amplia: entre los 20-35 (me juego el cuello a que más de un cuarentón se ha casado con alguna quinceañera del lugar). No acaba aquí la cosa, porque cuando te cuentan el día a día de las mujeres no puedes (o yo no puedo) sino sentir pena por la pobre niña de la casa (preciosa), a quien le espera un futuro muy prometedor: escuela hasta la primaria y luego ya está, coger agua a la fuente (y por un camino concreto porque no puede cruzarse con hombres), preparar la comida, ocuparse de la casa y por supuesto casarse y traer hijos al mundo. No sé que les debimos de parecer nosotras, tres extranjeras de entre 23 y 26 años, solteras, con estudios, trabajando en la ciudad (y encima en otro país) y viajando por ahí con un hombre. Pero bueno, sea lo que sea no dijeron esta boca es mía, fueron SÚPER amables (de hecho acabamos pagándoles más de lo acordado), nos regalaron dátiles, aceite de oliva casero, pan de la casa, nos hicieron la henna (véase la foto) y hasta tuve la oportunidad de ponerme uno de los mantos que se colocan ellas para el día de la boda. Os digo desde aquí que fueron unos segundos, pero que si ya con eso pasé calor, madre mía, no me quiero imaginar estar así durante horas. Para mí insoportable, aunque claro yo el calor lo llevo fatal, jeje. También nos contaron un montón de cosas sobre la tradición e historia bereberes (la fiesta del matrimonio, los roles masculino y femenino, las joyas que llevan, etc.), aunque no voy a ponerlas por escrito que si no la gente se me duerme, jaja.

A la mañana siguiente, después de cargar al coche con un par de alfombras hechas a mano por esta familia y demás parafernalia maravillosa, pusimos rumbo aún más al sur, a Douirette, otro enclave perdido en medio de la nada (este mucho más que el otro), donde volvimos a pasar la noche en una cueva de la montaña. Por el camino paramos a visitar muchos ksares, que son estas casas tan particulares de la izquierda (sí, son de verdad aunque es cierto que parece el decorado de una película [por cierto que en esta zona, cerca de Tataouine, George Lucas aprovechó uno de estos ksares para ambientar parte de La guerra…, por eso el planeta de la película se llama Tatouin, en honor a la zona]) y que resultan muy originales la primera vez pero que al cabo de dos te parecen todas iguales. Para el que se aventure a conocer esta región de Túnez que sepa que con ver Ksar Hallouf y Ksar Guilane está servido. Total que después de tantas paradas y algún que otro episodio sorprendente por la carretera (os dejo con la curiosidad, el que quiera que me pregunte porque Internet no siempre es apto para menores, jaja), llegamos al pueblo en cuestión.

Para que os hagáis una idea de lo que era aquello os dejo esta foto. Y para que os situéis os diré que tras esas montañas está el Sáhara en estado puro, y no me refiero con esto a un eufemismo barato si no a una realidad desértica tan increíble como peligrosa (la mayor parte del desierto es zona prohibida, es muy difícil adentrarse [se necesitan permisos, GPS, guías, rutas, supervisiones,…] y todo esto SUPONIENDO que te dejan…). Total que allí volvimos a cenar como cerdos (menudo viaje, qué manera de comer) y alucinamos todos al darnos cuenta de que en aquel paraje y a solo unos kilómetros de las dunas teníamos agua corriente & caliente y duchas casi perfectas, algo que en este país no siempre es fácil de encontrar. Además acabamos charlando por la noche acerca de los bereberes (ya habréis notado que en esta zona de Túnez abundan) y hasta tengo un video de los compañeros bailando con el (supongo sea) gerente del hotel.
Por último os dejo esta foto de la Mezquita de los Durmientes. Si os fijáis bien os podréis dar cuenta de que:
a) la torre está torcida
b) en las montañas del fondo se aprecia perfectamente la línea de erosión del mar, allá en los tiempos de matusalén cuando esta zona estaba llena de agua y vegetación
Lo particular de esta mezquita es que su historia es muy conocida en el mundo árabe (unos cristianos perseguidos que duermen durante años y al despertar y descubrir que la zona se ha convertido al Islam ellos también lo hacen, abrazan la religión de Alá y vuelven a dormir para, supuestamente, despertar cuando el Profeta regresa o al final de los tiempos o algo así, ¡ya ni me acuerdo!) y el emplazamiento de esta mezquita se lo disputan Turquía y Túnez.
Buf, por hoy ya está bien, jeje. ¡¡Hasta la próxima!!

domingo, 19 de octubre de 2008

Viajando por el país: entrega 1

Bueno, qué semanas más moviditas. Madre mía, entre los viajes, el trabajo y la universidad, ¡¡no he parado!! Como sé que cuando escribo mucho la gente se asusta voy a publicar varias entradas distintas, así no estreso a nadie con mis historias, jeje.

La primera entrega se centra en el viaje con la familia. La verdad es que dimos muchas vueltas y tuvimos que ir corriendo a todos lados, pero a mi entender mereció mucho la pena. Uno de los mejores puntos del país y del viaje que yo no conocía todavía son las ruinas romanas de Dougga. Están al oeste de la capital y atención porque hasta la década de los 60 ¡¡aún vivía gente allí!! Es un privilegio poder visitar unas ruinas en tan buen estado, por tan poco dinero y encima de tan cerca (impensable en Roma, por ejemplo, eso de pasear por la calzada de la ciudad y mucho menos de meterse por entre las casas y los templos como si nada). Fue genial, íbamos todos como extasiados, sin podérnoslo creer. Es que estos romanos eran la leche vaya. Ya en aquella época con sus tuberías, sus balnearios, sus casas hechas y derechas, sus calzadas, sus foros, sus teatros y anfiteatros… Y todo se ve allí, en Dougga, que en un principio, desde lejos, parece que solo son un montón de rocas, pero que cuando te acercas te quedas ¡a cuadros! Nada que ver con Cartago, una decepción que no hay por donde cogerla. Normal claro, lo mejor está enterrado, pero a ver quién es el guapo que quita las mansiones de los ricos para excavar…


Otro de los sitios interesantes que visitamos, aunque en cinco minutillos, fue el pueblo de Testour, destino principal de los andaluces musulmanes expulsados de España. La curiosidad del municipio (además de un episodio auténtico de caos urbano en medio del mercado local) es el reloj de la mezquita, que funciona hacia atrás representando las horas que restan para regresar, precisamente, a Andalucía. Testour también era uno de los sitios que a mí me quedaban por ver. El resto del viaje fueron sitios repetidos, pero no importó porque fue incluso más bonito que la primera vez. Estuvimos en Douz (nuevamente paseo con el camello, aunque esta vez yo ya iba con el punto pillado desde el principio), en el Djem (me cagüen el Aïd, si no llega a ser por el viejete de turno habríamos podido entrar…), en los oasis,… En fin, un viaje muy completo que mereció mucho la pena. La próxima entrega os hablaré del sureste del país, otro viaje también muy especial …

miércoles, 17 de septiembre de 2008

En pleno Ramadán...

¡Hola! Parece que septiembre empezó ayer y, sin embargo, ya han pasado más de dos semanas. Y yo que pensé que el Ramadán se haría eterno… La verdad que no está siendo tan terrible como me imaginaba, más que nada es molesto. Y es que la ciudad (el país) cambia su rutina y establece sus horarios y su rendimiento en función del eftar (la ruptura del ayuno). Así por ejemplo los pequeños supermercados cierran a las cinco y media y no vuelven a abrir hasta que es de noche.

Esa es una de las mejores cosas del Ramadán, que por la noche todo está abierto, incluido el zoco, así que hay ambientillo por la calle. Aunque entre las 7 y las 8 (eftar) la ciudad se vacía y acabas consiguiendo instantáneas como las que os dejo aquí. Con el hambre y la sed que tienen que tener como para andar haciendo el tonto por la calle, jaja. Aquí es precisamente donde llega la peor parte: cafés abiertos y nadie te atiende, imposible pillar un taxi, difícil cenar algo que no sea el menú del Ramadán y eso si los cafés y los restaurantes están abiertos.

La verdad es que en Túnez aún hay sitios que abren, aunque eso sí, con cortinas o con las ventanas tapadas para que no se vea desde fuera que adentro hay gente bebiendo o fumando. A los extranjeros nos hacen la vista gorda, pero a los tunecinos se les puede caer el pelo como un compatriota lo pille bebiendo por la calle o, como poco, hará frente a miradas de esas que valen más de mil palabras, jeje. Otra modalidad muy en boga es la de “abro, pero no tengo de nada”. Ejemplo práctico: ir a una hamburguesería y que no haya ni hamburguesas, ni chawarmas, ni limonada. Ideal. Y qué me decís de esas respuestas tan contundentes de la esteticien cuando acudes a la cita previamente fijada y te dice “uf, es que hoy estoy muy cansada, vente mañana y a ver si entonces te puedo atender”. ¿Qué hace uno entonces? Pues se queda con cara de seta pensando “¡¡me cagüeeeeeeeeeeeeeeeeeeeennn!!”. Ideal (otra vez).

miércoles, 20 de agosto de 2008

Bienvenidos a...Malta

¡Hola! Ya estoy aquí otra vez con un destino nuevo que comentar y es que, para el que no lo sepa, este pasado fin de semana estuve en Malta visitando a mi hermana.

Yo nunca había estado allí y la verdad que la imagen que tenía en la cabeza no se correspondía para nada con lo que es el lugar. Para empezar son tres islas y las tres un secarral. No, no exagero, desde el avión se ven como auténticas rocas en medio del mar, que es lo que son. Yo es que soy muy del norte y prefiero el verde, pero bueno, tampoco hay que exagerar que Malta tiene sus cosillas.

Una de ellas es Medina, el pueblecito de la foto, que como puede comprobarse es muy bonito. Los edificios son todos antiguos y de la misma tonalidad ocre lo que le proporciona a la ciudad un aspecto de completa fusión con el medio, que abarca todos los marrones y amarillos imaginables. Por cierto que una de las cosas que más llaman la atención de este país es lo píos que son, con santos, iglesias y carteles que alaban a Jesús por todos lados.





Otro de los platos fuertes de Malta es la isla de Comino, con aguas azules cristalinas que, eso sí, reflejaron literalmente la idea del paradisíaco mediterráneo que yo tenía en la cabeza. La desventaja de la isla es su propia belleza que provoca oleadas masivas de turistas con serios problemas para plantar su toalla puesto que no hay playas, ¡todo es roca! Así las cosas y dada mi falta de amor hacia los asados a la parrilla veraniegos recogimos el chiringuito en pocas horas…




Por último visité La Valetta, la capital, que (para mi gusto) luce mejor en fotos que al natural.

Realmente es un sitio bonito, por algo es patrimonio de la UNESCO, pero a mi me dio la impresión de que…cómo decirlo, no es que la antigüedad le diera encanto al lugar sino que el lugar estaba a punto de perder el encanto y sucumbir ante la vejez más absoluta. No sé si me explico (seguramente no). Me dio la sensación de que está muy dejado, como si dijeran “ahí está y ahí está bien, lo que dure”. Pero bueno, insisto, que tiene su aquel. Por lo menos mucho más bonito que Túnez ya es aunque en fin, no me voy a desviar del tema…


Bueno, en realidad sí que voy a aprovechar la coyuntura para destacar el nuevo vínculo de esta página a la del periódico La Rioja donde desde hace pocos días publico otro blog como parte del programa “riojanos en el extranjero”. Eso no significa que deje este, ni mucho menos, sino simplemente que el otro estará centrado en lo que es el día a día en Túnez y no en mi vida personal. Para el que quiera leerlo puede entrar directamente pinchando en el enlace que os dejo a la derecha o bien teclear http://blogs.larioja.com/conelmundopormontera

Listo, ahora sí que he acabado!!

lunes, 28 de julio de 2008

Y así va el verano...

¡La madre! ¡Pero qué rápido que pasa el tiempo! ¡Y qué abandonados que os tengo! En fin, más vale tarde que nunca. De todas maneras que conste que es que tampoco tengo gran cosa que contar porque como no tengo vacaciones y hace tanto calor pues no he hecho grandes viajes. Eso sí, he descubierto unas playas que me obligan a cambiar la afirmación esa de “el que quiera playa que se quede en España”. Ahora bien, hay que matizarla.

Resulta que las mejores playas de Túnez están medio dejadas de la mano de Dios, lo que implica que solo puedes llegar de una manera: con un coche y conociendo de antemano la existencia de la playa en cuestión, porque si no para rato. Eso sí, merece mucho la pena (aguas cristalinas y templadas, arena blanca, escasa gente, rêvez mes petits, rêvez). De todas maneras no es la única playa impresionante del país. Toda la costa del Cap Bon (excursión que hice en febrero, ver más abajo) es muy bonita y tiene playas estupendas. Os dejo aquí una foto de una cala escondida cerca de Cap Serrat (noroeste del país).

Este mismo viernes (fiesta aquí por ser el día de la República) estuvimos en un pueblecito al lado de Kelibia (NE) donde, eso sí, me sentí como una estrella del porno por culpa de unos nada disimulados chavales a los que hacía las delicias dándome crema. Y no me extraña, teniendo en cuenta que en esta playa sí que se veían burkinis con más frecuencia que en otras cercanas a la capital. A tal punto llegó la cosa que tuve que dejar de darme crema y tumbarme de la vergüenza que me estaba dando (media hora más tarde volví a intentarlo, aunque medio tumbada todavía, por aquello de que no me vieran). En fin, aparte de eso genial. Además comimos por tres euros en un restaurante de estos que dan grima por fuera pero que resulta que tienen una comida estupenda por dentro (me temo que hay que jugársela en estos casos. A veces sale rana y es una mierda, pero eso son las menos, normalmente funciona y te chupas los dedos).


Otra playa estupenda (y más turística, complejo hotelero incluido) es la de Mahdia, más al sur, donde pasé el finde pasado en casa de unas españolas que trabajan en un centro de discapacitados. Bueno en realidad ellas viven en un pueblo a media hora que no es nada turístico, así que como resultado de la tranquilidad que se respiraba en el zoco acabamos comprando como locos (alfombras, telas, pañuelos, anillos…) y encima más barato porque no era la capital. Total, un exitazo (así iba el coche a la vuelta, que nos las vimos y nos las deseamos para meter todo). La pena de estos sitios es que están lejos de Túnez así que necesitas transporte y tiempo.

Ante la falta de ambos durante los días de trabajo, a una no le queda otro remedio que adaptarse al medio (con su fauna, ejem), y hacer como Erika (la de la izquierda, Irma la de la derecha), quien ni corta ni perezosa se acabó plantando los pantalones del pijama incapaz de aguantar los vaqueros (dios qué suplicio). Aún así, cuando el calor aprieta hasta la falda te molesta y entre viajes en taxi y tés a la exigua sombra sin brisa de una terraza, al final acabas sintiendo el llamado efecto “me he meado encima”, que suena fatal pero de puro gráfico es lo mejor para traspasaros la sensación que se vive por aquí cuando el calor aprieta.

(Pd.: Erika, va por ti, que no se diga que no te hago publicidad, jeje)





Aparte de playa, básicamente lo único que hacemos es pasear por el zoco y salir a tomar algo por ahí. Os dejo esta foto de la Medina, a mi entender buen reflejo de lo que se puede ver por allí (guiris “con escote” [Inés, jeje], tunecina normal [Lobna, camiseta roja], tunecina tradicional [la mujer con gafas, velo y manga larga] y la que dudo que sea tunecina o de serlo es muy conservadora [esquina derecha]). Sinceramente, no sé ni cómo consiguen respirar con eso.

Ah bueno, y también hay que decir que este país en verano se anima, con conciertos, festivales y, para qué nos vamos a engañar, con turistas también. Hace como un mes estuvimos viendo un espectáculo de circo de la escuela tunecina (que, por lo visto, junto con no sé qué escuela francesa, es de las mejores) y, francamente, nada que ver con la idea de circo tradicional que yo tenía en la cabeza. Menudas acrobacias, puesta en escena y dominio de la técnica. Y lo mejor de todo es que viéndolos parecía tan fácil (nada más lejos de la realidad, claro)... Lamentablemente no tengo fotos porque era ya de noche y no se podía utilizar flash (vale, a mi se escapó, 1.000 perdones, pero fue sin querer y además no se ve nada porque están en movimiento), así que os dejo una de la mezquita del barrio donde fue el espectáculo.

Así que ya veis, este está siendo mi verano. Bastante diferente de lo que venía siendo habitual los últimos años (creo que nunca había tomado el sol con esta frecuencia en la playa [no, no estoy morena si eso es lo que estás pensando]). En fin, más para la próxima.

Besosssssssssssssssssssss

lunes, 26 de mayo de 2008

La "frippe"

Bueno, bueno, ya estoy aquí. Ya sé que me ha costado mucho regresar pero es que he tenido una temporada muy tranquila y prácticamente no he hecho nada. No obstante, y para que Espe se quede tranquila, voy a contaros un par de cositas.

La primera es que ya me he enterado de por qué los hombres no musulmanes tienen problemas para casarse con una musulmana (cosa que no ocurre al contrario). Resulta que en la concepción musulmana es el hombre el que transmite la religión a los hijos, por lo que ellos deben obligatoriamente convertirse al Islam si quieren casarse con, por ejemplo, una tunecina. Me han contado que en el judaísmo funciona justo al revés y que es la madre la que transmite la religión por lo que si yo fuera a casarme con un judío tendría que convertirme. Aunque de eso me tengo que informar porque tenía entendido que hacerse judío es francamente complicado…


Bueno, aparte del comentario religioso-cultural, tengo que comentar los “rastros” tunecinos (llamados frippe). Se trata de mercadillos donde se acumula ropa de segunda mano de todo tipo con precios que oscilan entre 1 y 5 dinares (entre 0,55€ y 2,7€ aprox.). El problema es que no puedes probarte la ropa, así que puede ocurrir que te quede estupendo (como a mis compañeras) o que llegues a casa con tu falda y tus pantalones “nuevos” y te encuentres con que una no te queda y los otros no te gustan. ¡Menos mal que fueron 3€!


Aparte de la excursión a la frippe de La Marsa, también puedo contaros la excursión al parque natural de El Fedja, una reserva limítrofe con Argelia. Lo más reseñable del día fue la lluvia, constante, que nos aguó, nunca mejor dicho el día. Aún así estuvo bien, sobre todo porque fue como sentirse un poco “en casa” (lo último que me hubiera esperado en este país era encontrar tantísimo verde). Bueno y también porque entrar en una tetería de pueblo y que todo el mundo te mire (atención a la foto) por guiri y por mujer (y me atrevería a decir que por pelirroja también), pues no deja de ser, cómo decirlo, sorprendente.

De todas maneras ya he oído a varias personas decir que en el pueblo bereber (que no es lo mismo que el pueblo árabe) hay muchos pelirrojos que, de hecho, los que viven en Argelia pueden colar por europeos. Yo desde que he llegado solo he visto a un tunecino pelirrojo (pero además con el pelo naranja naranja, como yo de pequeña, jeje), pero creo que hay alguno más por ahí suelto…

En fin, besotes!

lunes, 24 de marzo de 2008

El Sahara tunecino

Como lo prometido es deuda, aquí estoy con la primicia del desierto del Sahara. Al final hubo cambio de planes y nos volvimos el sábado por la noche en vez del domingo y menos mal, porque vamos, el desierto para dos días está bien, pero enseguida sientes las ganas de regresar a la civilización trepando por tu interior…




Por supuesto, la experiencia merece mucho la pena y se la recomiendo a todo el mundo, pero es necesario ser conscientes (yo no lo era del todo) de que el desierto es un lugar extremo donde los oasis no son esos lugares románticos que nos evocan las películas sino pedazos de roca arenisca y restos marinos (de cuando allá en la época de Paquito toda la zona estaba bajo el agua) donde, inexplicablemente, brota el agua y, con ella, ciertas palmeras atrevidas.



Para muestra un botón. Este es el oasis de Midès, en el extremo suroeste del país (de hecho a menos de 10 kms de la frontera con Argelia). Aquí no se ven, pero sí que hay palmeras aunque insisto en que los oasis que vi son de montaña, así que esta foto os puede ayudaros para haceros una
idea de lo que es aquello. Porque yo me quedé “a las puertas” del Sahara (me llegué a adentrar 15 kms nada más), así que no puedo hablar por todo el desierto, evidentemente (cabe señalar que el guía nos dijo que no había oasis una vez entras del todo…).

Por cierto que esos 15 kms de ida y los 15 de vuelta me los hice a lomos de un dromedario (que no camello, que de eso no hay en Túnez) muy elegante cuyo nombre árabe me entró por un oído y me salió por el otro las 80 veces que me lo dijo Amor (el dueño). Al otro tunecino que nos acompañaba (Ahmed), por cierto, le dio por llamarme “chocolate” aunque, hasta el momento, no he averiguado por qué, jeje. Total, que el bicho en sí también es una experiencia y el dolor de culo y/o espalda que se te queda después (y del que aún no me he despedido) es majo, majo.



Además del Sahara, otra cosa que tienen en el sur son lagos salados atravesados por carreteras y caminos más bien precarios. Aquello también representa la nada más absoluta: kilómetros y kilómetros de paisaje casi diría que lunar (de acuerdo con mi imaginación, claro) y reluciente al sol (la sal, gorda ¡gorda!). Esto que veis aquí es Chott Jerid, el lago que une Tozeur y Douz (dos localidades que viven del desierto y ya, porque no hay más opciones).

Ah, se me ha olvidado contaros que la noche del viernes la pasé en un campamento del desierto y la verdad es que no hizo tanto frío como habíamos temido, aunque bueno, tampoco hizo tanto calor como nos habíamos esperado. Por 20 euros vas al desierto en dromedario, cenas (un cuscus casero que hmm, ¡cómo estaba!), duermes en el campamento, desayunas (mermelada de dátil, pan de arena y chamia [SÚPER bueno] incluidos) y regresas con el animal al hotel donde te puedes duchar tranquilamente y sacar fuerzas de no se sabe dónde para seguir tu camino. Además tiene un plus, y es que el propietario del hotel es un punto, jejeje. Descubrimos que ¡hasta en la guía lo destacaban como un personaje muy simpático!

En fin, han sido unas buenas vacaciones. Menos mal que regresamos el sábado porque un día más por allí habría sido matador y habría acabado con el sabor de boca (literal, creo que aún estoy mascando arena) del desierto.

¿Cuál será el próximo viaje?...