sábado, 29 de septiembre de 2007

Dublín, allá vamos!!

Buenooooooooo, parece mentira pero no solo ha pasado un mes ya sino que el verano se ha acabado, las clases y el trabajo ya han empezado y el frío comienza a dejarse sentir (qué gusto).
Espero que esta vez no sufra ningún retraso porque si no, con el madrugón que me tengo que dar, creo que me dará un ataque nervioso en la misma cola de facturación, jeje.
En fin, llevo la maleta hasta los topes: de ropa y de ilusión. Nunca he estado en Irlanda y tengo muchas ganas de ver esas callejuelas de Dublín y ese verde tan verde que tienen por allá (aunque después de Suiza tiene que ser algo realmente impresionante para dejarme con la boca abierta!), así que veremos qué pasa en estas tres semanas!!!

sábado, 25 de agosto de 2007

Recomenzamos la cuenta atrás...

Bueno, parecía que no pero ya hemos llegado al mismo punto de siempre: las maletas. El ciclo no se interrumpe nunca y, una vez más, me encuentro con la que ha sido mi habitación durante dos meses completamente patas arriba, con trastos aquí y allá y un nerviosismo semi-cotidiano que cualquiera que esté acostumbrado a empaquetar y desempaquetar comprende.

Cuando uno se para a pensarlo es cuando se da cuenta de la tendencia tan ¿natural? que posee el ser humano a acumular cosas. Y no solo eso, a cogerles cariño a todas. ¿Cómo decidir qué debe acompañarte de vuelta a casa y qué debe perderse para siempre en alguna papelera de Asia? El criterio no es ecuánime, está claro. Al fin y al cabo, queramos o no, todas y cada una de las pequeñas cosas que nos rodean esconden una historia detrás. Puede que sea trascendental o irrelevante, eso cada uno lo sabe, pero lo cierto es que todos los objetos, miradas, escenas y palabras portan consigo un significado. A veces nos pasa desapercibido y otras nos pesa demasiado como para dejarlo de lado. En cualquier caso, cuando uno viaja y vive experiencias como esta es cuando se enfrenta a pequeños dilemas cotidianos como este con mucha más frecuencia que aquellos a los que yo llamo “semi-sedentarios”. No obstante, no me voy a conceder el permiso para divagar (como siempre) porque no quiero aburriros. Hoy estoy aquí sentada por última vez para compartir con vosotros estos últimos instantes de lo que ha sido una de las mayores y mejores experiencias de mi vida.

Se dice por ahí que el tiempo y las circunstancias cambian a las personas, que la vida nos hace madurar y que los actos de terceros desconocidos pueden alterar nuestros destinos. Lo que no se cuenta es que los viajes son esos momentos incomparables en los que todos los elementos anteriores se entrelazan entre sí y te confunden una y otra vez, tirando de ti hacia mil y un lugares y personas que acaban por transformarte sin que apenas puedas darte cuenta. Hace dos meses llegó aquí una chica. Hoy, se marcha otra.

Canta Ana Belén que “en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Por si alguien no se ha parado a reflexionar sobre el tema, por favor, que lo haga. Y una vez que haya llegado a sus propias conclusiones que se pregunte a sí mismo si acaso es deseable volver. Cuando uno vive experiencias tan intensas como esta en un periodo de tiempo tan corto alcanza un punto en que, quizá, tanta intensidad le desgarra en cierta manera por dentro. Es un desgarro suave, es cierto, como si te dieras cuenta de que en esos momentos de risas, confesiones, lágrimas, preocupaciones y discusiones, una parte de ti es consciente de que esa situación es finita. Hace treinta días no conocías a esta persona. Hoy no puedes concebir levantarte mañana y no verla. Hace setenta noches dormías soñando con lo que sería ese lugar tan lejano llamado Asia, hoy sientes que al dejar estas tierras estás abandonando sin quererlo una parte de ti en cada una de las calles que dejas atrás con el taxi.

En estas semanas he conocido a gente maravillosa, he visitado lugares increíbles, he olido y saboreado (con mayor o menor fortuna) aromas y platos desconocidos, me he acostumbrado a sonidos más o menos agradables y, aunque dos meses apenas es nada comparado con la vida, creo que puedo decir que he vivido en Pekín. Con más o menos éxito he tratado de vivir la ciudad siempre que he podido y considero que la propia rutina de clases y exámenes me ha ayudado a sentirme una más de esta enorme y desproporcionada urbe.

Seguramente no echaré de menos Pekín, pero sí todo lo que significa.

Nos vemos en España…

miércoles, 15 de agosto de 2007

Bienvenidos a Shanghai

Bueno, bueno, parecía que no pero ya nos vamos acercando al final de esta aventura. No obstante, aún es pronto para hacer balance así que es mejor que me centre en los últimos días.

Si habéis echado un vistazo a mi espacio habréis visto un nuevo álbum titulado “Shanghai” donde he recopilado algunas de las mejores fotos de este fin de semana. La verdad es que Pekín y Shanghai son dos ciudades completamente ajenas la una a la otra. Mientras que Pekín cuenta con un metro insuficiente y un paisaje más bien nankan, Shanghai disfruta de una arquitectura rica (herencia de la época colonialista) y de unas muy buenas comunicaciones. Por supuesto, no tiene ni la mitad de cosas interesantes que visitar que Pekín pero, qué queréis que os diga, me quedo con Shanghai. Además, tuvimos la suerte de dormir en un albergue en pleno centro de la ciudad desde donde pudimos ir andando a prácticamente todos los sitios.

El viernes lo dedicamos a ver la Ciudad Antigua donde se encuentra el Parque Yuyuan (jardines y más jardines, aunque merece mucho la pena), el Bazar Yuyuan (muy pero que muy bonito), la Concesión Francesa, Nanjing Lu (la calle comercial por excelencia, asiática hasta decir basta [luces por todos los sitios]), la Plaza del Pueblo y el Parque del Pueblo. Para poner punto final al día lo completamos tomando un par de copas en un club de blues (Cotton Club) donde, aparte de clavarnos el precio europeo (y no el estándar precisamente), nos relajamos un rato antes de irnos a dormir. Y es que al día siguiente, sábado, nos marchamos a Suzhou, una zona conocida como la Venecia china.
Personalmente creo que se trata de un sitio bonito y agradable aunque no sé hasta qué punto es merecedor de tal calificativo. También es cierto que yo misma no he estado en Venecia así que no puedo comparar pero bueno.

Lo más reseñable de la excursión a Suzhou fue, sin ninguna duda, un altercado con unos taxistas ilegales. Hasta ahora nos habían salido siempre bien pero está visto que sobrepasamos el cupo y ya nos tocaba la mala experiencia así que tras mucho discutir y agradecer la intervención de un policía local logramos continuar con el día sin que los señores de turno nos aguaran la excursión.

Así que, como decía, visitamos Suzhou y otro pueblecito cercano (Zhouzhuang) donde vimos escenas como la de la foto de la izquierda.

Por último el domingo paseamos por el Bund (seguramente la calle más famosa de Shanghai) hasta llegar a uno de los hoteles Hyatt de la ciudad donde pudimos desayunar contemplando las vistas de la ciudad desde una altura de 30 pisos. No contentas con eso cruzamos a Pudong (el barrio que se ve a la izquierda) a través del túnel turístico (muy ridículo; una de las visitas a obviar la próxima vez) y tras pasear por los alrededores de la Torre de la Perla (la más alta que se ve en la foto, que no en la ciudad), comimos en uno de los mejores hoteles del mundo (Shang-ri la) a nivel de restaurante medio europeo. Es decir, un lujazo poder comer esa maravilla por menos de 30 euros.

Sobra decir que en Europa no podríamos permitirnos ni el desayuno…


Aparte de la visita a Shanghai, la semana pasada pude disfrutar de la experiencia de la peluquería china: lavar, masajear (cabeza, cuello, hombros y brazos), cortar y peinar por 2 euros. Ay, ¡¡qué gusto!! Jaja Seguro que a más de una (y de uno) se le ponen los dientes largos… No, fuera de bromas. Si alguien se pasa por China que no se marche sin pasar por la peluquería. Merece la pena solo por ver el tiento con el que te lavan la cabeza sin derramar ni una sola gota (y eso que no estás con la cabeza en una pila, como en España, sino sentada normal en un sillón).

Ah, y también vi El último emperador de Bernardo Bertolucci. No es china lo que se dice china pero refleja muy bien la historia reciente del país. Además, siempre hace ilusión ver en la pantalla lugares en los que ya has estado, ¿no creéis?

martes, 7 de agosto de 2007

Nacer en el lado bueno del mundo

Queridos todos:

Se acerca el final de esta experiencia lenta pero inexorablemente. Lo comento con mis compañeros y diría que ninguno se lo cree. A todos les parece que llegamos ayer y a casi todos les va a parecer surrealista despertar en casa dentro de unas semanas y no vernos las caras a todas horas. Resulta extraño darse cuenta de que quienes hace poco más de un mes eran unos auténticos desconocidos han convivido y compartido contigo prácticamente todas las horas del día durante un periodo de tiempo relativamente largo. En fin, la vida…

Melancolías fugaces aparte, estos últimos siete días la verdad que no han sido muy productivos. Salvo un par de visitas en la ciudad la verdad que no he podido hacer mucho, como leeréis más adelante. No obstante, tuve la oportunidad de visitar un sitio conocido como “798”. Se trata de una especie de barrio pekinés donde se concentran todas las galerías de arte y las tendencias chinas del momento. Dado que mis conocimientos de arte son más bien nulos y mi capacidad para apreciar la expresividad artística contemporánea se ahoga en mi propia ignorancia pues la verdad que no me gustó mucho. El lugar, desde luego, era interesante (donde antes había fábricas e industrias ahora hay espacios abiertos y creatividad) y algunos de los cuadros que vi sí que me convencieron pero, seamos francos, la excursión en sí no triunfó demasiado.

Lo que sí cosechó laureles fue el Palacio de Verano (Yiheyuan). Resulta que este palacio lo construyó la emperatriz Cixi, una mujer de armas tomar que despilfarró el dinero destinado a reformar el ejército en este parque inmenso que hace que a Versalles le entre cierto complejo de inferioridad. Pero bueno, me temo que todos los líderes antiguos (por no decir modernos en algunos casos) hicieron lo mismo en su momento; en China, en Europa y en todos los sitios (estoy segura que al francés de turno que se moría de hambre no le hacía ninguna gracia ver cómo levantaban semejante consumidor de lujo y derroche). Pero bueno, lo positivo del asunto es que gracias a malas decisiones como aquellas nosotros, hoy, podemos disfrutar de un grandioso patrimonio de la humanidad, ¿o no?

De todas maneras, la más grande de las experiencias de esta semana ha sido darme cuenta de la suerte que tengo (tenemos). Resulta que, sin previo aviso, enfermé de gastroenteritis y, ante tanto vómito y malestar sin ser capaz de comer (y mucho menos beber) en casi 24 horas, no tuve otro remedio que salir al hospital. Afortunadamente para mí me atendieron en el hospital para extranjeros de Pekín lo que significa que tuve un médico y una enfermera solo para mi, televisión, películas, libros, mantas de colores y, por supuesto, medicamentos adecuados, efectivos y rápidos. Fue cuando estaba enganchada al suero que no pude por menos que pensar que mientras yo disfrutaba de todas esas comodidades (¿lujos?) que, casi seguro, no ves en el sistema público español (y menos en el chino), millones (y millones y aún más millones) de ciudadanos chinos (por no abrir fronteras y pensar a lo grande…) no tienen acceso a una asistencia sanitaria mínima. Al comentárselo a un amigo me dijo resignado: “te tocó nacer en el lado bueno del mundo; no pienses ahora en eso”. No lo hice. Cerré los ojos y mientras mi cuerpo absorbía ansioso el suero y los antibióticos yo me quedé dormida.

No soñé con nada.

lunes, 30 de julio de 2007

Viva China

¡Buenos días para todos! O buenas tardes ya, que con eso de que aquí ya es de noche me despisto con una facilidad…jeje En fin, como os dije esta semana he tenido exámenes así que no he hecho prácticamente nada en estos días. La única excursión que hicimos fue al Museo de Pekín (tremendo) y luego ya durante el fin de semana he visitado Shidu y el Mercado de los Campesinos (Panjiayuan). Así que sin perder el orden os cuento.

El viernes, justo después del examen, la profesora nos puso una película china muy conocida en Occidente. Hablo de La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou cuyas películas, por lo visto, son las mejores del panorama cinematográfico chino y, además, las más conocidas en el panorama internacional. Por supuesto, y para no variar, la actriz protagonista es Zhiyi Zhang que últimamente está hasta en la sopa. La estrella desconocida es el chico de la derecha, mitad japonés mitad taiwanés que, chicas, creedme, ¡está como un queso! Jeje Lo mejor de ver la peli fue que cada vez que entendíamos algo todos lo repetíamos en voz alta como para confirmar que sí profe, sí, poco, pero pillamos algo. No me extraña que se partiera de risa, juas juas. ¡Anda que no hacemos el palurdo ni nada! Por cierto, la peli es muy recomendable.


En fin, bromas aparte este finde lo que hemos visitado son las montañas de Shidu. Aquí son muy conocidas como el Guilin del norte. ¿Y qué es eso de Guilin? Pues se trata de unas montañas del sur muy conocidas y bonitas (de las muchas que tienen por aquí, normal con lo extenso que es este país, aquí tienen de todo) que tienen su pequeña réplica a unas dos horas de Pekín. Al principio decepciona un poco porque aquello parece un parque de atracciones (de hecho tiene su toro mecánico y todo, imaginaros) pero la vista está bien y el parque natural es lo que más merece la pena. Pese a que gran parte está retocado de manera artificial el paisaje no deja de ser impresionante. Las montañas son tremendamente escarpadas lo que hace que sea muy difícil pasear por ellas y, a la vez, les da un aire aún más bonito si cabe. Uno de los aspectos que más choca es ver semejante montículo de tierra salido prácticamente de la nada, al lado de extensiones llanas de terreno donde, mira por donde, estás tú de pie contemplando los picos que se alzan ante ti. Aún con todo lo natural que puede ser aquello lo cierto es que no deja de ser turístico y dentro del propio parque ves puestos turísticos, servicios (de aquella manera…), chinos montando a caballo (y ofreciéndotelo a ti, por supuesto), etc. Da igual, el lugar es tan bonito que a ninguno nos importó.

El domingo, aprovechando uno de esos ratos típicos en los que no haces nada, decidimos irnos al Mercado de los Campesinos (Panjiayuan) que es, una vez más y como de costumbre, genial. Además de tener muebles chinos (si no fuera por el avión habría caído más de uno, muy muy bonitos, de verdad), el lugar contaba con decenas de puestos de lo más variado: desde porcelana hasta pendientes, pasando por cometas tradicionales, sellos chinos (yo me compré uno con mi nombre chino, aunque por los caracteres chinos he visto que la tía del puesto me ha cambiado la pronunciación a Dine o algo así, pero q nadie se preocupe porque al oído castellano sigue sonando igual que Tine, con la diferencia de que los caracteres son mucho más sencillos) o estatuas de Buda. Por si acaso el turista no se queda contento con todo esto, muy cerca del mercado, a solo 5 minutos escasos a pie, se encuentra el mercado de las gafas que digo yo. Como indica su nombre se trata de una especie de pequeño centro comercial en donde lo único que encuentras son ópticas chinas. ¿Resultado? Me compré unas gafas de sol buenas, graduadas y listas en 1 hora por 20 euros.

¿No adoráis China? ;-)

martes, 24 de julio de 2007

Bienvenidos a Datong

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Bueno, yo ya estoy más que recuperada y lista para contaros qué tal el finde en Datong. Cómo podéis ver en la fotografía, me ha ido de lujo. El viaje no ha podido salir más redondo. Os cuento.

Cogimos un tren nocturno que, pese a lo que nos esperábamos, fue muy cómodo (como usuaria frustrada de RENFE que soy debo decir que el tren chino es, con mucho, mejor que el español; la única diferencia es que las literas están a la vista, es decir, que no existen paredes que separen los compartimentos del pasillo) y barato. Además, nos dejó en Datong al punto de la mañana lo cual nos permitió desayunar tranquilamente, buscar hotel (¡¡35 yuanes la noche!!), negociar el transporte (un taxi para cuatro personas todo el día: 7 euros [y nos salió caro]) y presentarnos a las 9 de la mañana en el primer sitio de la lista: las Cuevas Yungang.

Estas grutas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2001, creo, y aunque hay algunas que sí que lo merecen (concretamente la cueva nº3, que fue la que más nos gustó a todos), el resto la verdad que impresionan pero no tanto (algunas están muy deterioradas). Sin embargo, la excursión mereció mucho la pena. Vimos Budas gigantes (el más espectacular es el principal que se ve en esta foto), pinturas más que interesantes (sobre todo cuando llevas a un experto en Historia del Arte en tu grupo, jeje) y turistas a montones. Es sorprendente darse cuenta de que:
a) la inmensa mayoría son asiáticos
b) había más gente que en la Gran Muralla
Por cierto que estas cuevas tienen la friolera de 1500 años de antigüedad. Casi nada…


Una vez vistas las cuevas nos dirigimos hacia los Templos Colgantes de Heng Shan (Xuankong Si). Tal y como dice el nombre se trata de un conjunto de templos que, literalmente, cuelgan en la montaña. De hecho, impresionan más una vez que estás arriba que desde abajo porque es cuando te das cuenta de que los palos que se suponen están firmes y te mantienen alejada del suelo, en realidad, se mueven como el ojo de un besugo. Lo cierto es que hasta el más reticente del grupo iba pegado a la pared (como si aquello fuera a salvarnos en caso de derrumbe), así que imaginaros. Otra de las cosas buenas del lugar es el valle que se extiende justo al otro lado de Heng Shan (subiendo por estas escaleras que veis a la izquierda) y que, para mi gusto, supone una de las panorámicas más bonitas que el ojo humano puede presenciar. En realidad si lo pienso no tiene nada de misterioso pero supongo que disfrutar del aire, del paisaje y de ocasionales truenos retumbando en el lugar pues lo convierten en un sitio bastante especial.

Por si no habíamos tenido suficientes emociones ese día volvimos a montarnos en el taxi para irnos, otra vez, a la otra punta de Datong (que por cierto fue capital china en su momento) y disfrutar (porque para esto sí que no existe otra palabra mejor) de la pagoda de madera más antigua de China y creo que, también, del mundo (Yingxian mu ta). Puede que fuera por la tranquilidad que reinaba en la ciudad o por el tiempo (una tormentilla de verano que alivió momentáneamente el bochorno cotidiano) o, simplemente, porque había menos gente que en los Templos y las Cuevas, pero el caso es que salimos todos medio encantados medio en trance (el cansancio ayudó mucho a esto último). La verdad es que la ciudad estaba muy preparada para el turismo pero a mi lo cierto es que me da igual. Puede que los hutong estén reconstruidos o que el estilo de las casas no sea el auténtico pero la impresión que yo me llevé fue inmejorable. Además, desde el 2º piso de la pagoda (no se podía subir más [para qué, llegar hasta allí sin luz y con esos escalones de medio metro ya supone una tarea importante]) veíamos el barrio antiguo (eso sí que es la China genuina) y los nuevos, así que la vista era inmejorable. Como remate final pasamos un rato en un patio bajo desde el que se contemplaba toda la pagoda rodeada de pájaros. Seguro que suena a cursilada todo lo que estoy contando pero a mi me encantó. Fue en ese preciso momento en el que me di cuenta de que estaba en Asia, justo al otro lado del mundo de donde estáis vosotros leyéndome en la pantalla de vuestro ordenador. ¿A que choca, eh?

Finalmente regresamos a Datong donde terminamos de alucinar del todo. No solo cenamos estupendamente por 9 yuanes (sí, sí, has leído bien), sino que pudimos comprobar que los chinos (al menos no los pekineses) son súper simpáticos. Nos miraban por la calle continuamente y nos saludaban riéndose (jelou!jelou!), pero en plan amable. Fue muy surrealista jugar al fútbol con ellos en la Plaza de la Bandera Roja (que viene siendo como una plaza mayor en España), compartir guiños con ellos en el tren (jugamos a “el asesino”, sí sí, con ¡¡chinos!! Fue genial, al principio solo se animó uno pero luego eran como 5 o 6 y encima teníamos público, ¡qué espectáculo!), entablar conversación con gente de allí (bueno, conversación, conversación, os podéis imaginar los niveles tan elementales de comunicación que fluían entre nosotros), … La verdad que muy bien, muy bien. No entiendo cómo la gente nos había hablado tan mal de la ciudad porque vale que es fea (muy industrial), pero tampoco me pareció mucho más sucia que Pekín y, desde luego, no está tan contaminada. En fin, que le recomiendo a todo el mundo que se pase por allí (eso sí, cuando veáis las cabezas de rata cocinadas en la calle a modo de pinchos no os asustéis…). Y si no le interesa hacer turismo que aproveche para comprar porque, sin regatear, tiene unas Converse por 3 euros (falsas, como todo aquí, pero oye, que dan mucho el pego, jeje). Ah y la especialidad de la ciudad son los paozi que, recién hechos, están DELICIOSOS y, como todo, es súper barato.

Por último os voy a contar algo del encuentro de esta tarde. La Fundación que me beca nos tenía preparada una charla con el profesor Dong Yansheng, uno de los hispanistas más prestigiosos del mundo y, desde luego, el más importante de China. Este hombre, para que os hagáis una idea, ha traducido El Quijote al chino y es toda una eminencia que, además, por la edad que tiene (70), ha vivido todos los cambios de la edad moderna en China y en España (de hecho, el 23-F él estaba en Madrid estudiando, ¡¡muy fuerte!!). Nos ha contado cosas muy interesantes y ha sido una charla muy amena, sobre todo gracias a su naturalidad (me da la impresión de que es muy campechano y no debo andar muy equivocada porque dice que eso es precisamente uno de los rasgos españoles que más le guste y que, sin embargo, más rápido se está perdiendo [es el precio del desarrollo]). Supongo que no a todo el mundo le interesaría hablar de traducción pero, os puedo asegurar, que todo lo que ha vivido este hombre bien se merecen unos minutos de atención. Carmen, si lees esto, que sepas que me acordé de ti. Te habría encantado.

En fin, voy a ver si estudio que ¡esta semana tengo examen!

viernes, 20 de julio de 2007

El emperador está en Pekín y las montañas son altas

¡¡Buenos días!! Me ha parecido oportuno comenzar esta entrada con un dicho chino que viene significando que cada uno hace lo que le da la gana, jeje. ¿A qué lo habíais pillado todos a la primera? Seguro...jaja.

Esta semana he visitado el Templo de los Lamas. Se trata del mayor templo budista tibetano de Pekín (del siglo XVII) y es muy bonito. Son varios edificios ricamente decorados por fuera y por dentro (bodhisattvas, budas, luohan,…). Por supuesto, lo más remarcable es la estatua de Tsongkhapa [fundador de una de las ramas del budismo] de 18 metros que alberga la última de las cámaras (pabellón Falun). Bastante impresionante. No obstante, lo que más me ha llamado la atención ha sido ver las estatuas de las divinidades budistas que, en realidad, son casi iguales (al ojo occidental ignorante como el mío) a las hindúes (por si no lo sabíais los segundos descienden de los primeros y siguen manteniendo muchas de sus manifestaciones artísticas). Algunos compañeros han tratado de explicarnos cosas del budismo pero la verdad es que ni ellos mismos lo tenían muy claro. Con tantas sectas, niveles, estados, figuras y deidades que hay no me extraña. Ah y, por supuesto, también he visto a budistas rezando en el templo. No puedo repetir el ritual que realizan pero se me ha quedado grabado el hecho de que SIEMPRE quemen incienso en las entradas y ante las estatuas (apoyándolo en la frente con las manos) y que coloquen las palmas hacia arriba y en las esquinas superiores del cojín en que se arrodillan. Por cierto que otro detalle que no puede pasar desapercibido al visitante es la simetría. Perfectamente calculada y establecida en cuadros, estatuas, pinturas y cualquier otro tipo de ornamento. Es una pena que no estuvieran permitidas las fotos en el interior porque la verdad es que el templo es precioso y está tan ricamente decorado que no podría describirlo.

Aprovechando que estábamos en la zona nos hemos pasado por el Templo de Confucio (el segundo en importancia de toda China) y ha sido decepcionante. Estaba todo en obras así que salvo un edificio central y la estatua de Confucio no había mucho más que ver. Supongo que para el año que viene lo dejarán impoluto.

Al salir del templo no perdimos oportunidad y nos montamos por fin, como buenos turistas, en los rickshaws (por supuesto, tras regatear como buenos chinos, juas juas). Ha sido un paseo de una hora por un Hutong de los alrededores donde, entre otras cosas, nos han enseñado la casa donde Mao vivió durante dos años. Por el camino también hemos podido disfrutar de la vista del Templo de la Campana y del Templo del Tambor, aunque no hemos llegado a entrar. Si algún día podéis recorrer un Hutong en rickshaw, por favor, no dejéis de fijaros en lo primario de la estructura (sin frenos, sujeta con cuerdas, endeble,…). No alcanzo a entender cómo pueden mover a dos personas en semejante vehículo. Estos chinos no están delgados, no. Fijo que son pura fibra.

Ah, hoy he aprendido en clase lo que son los Fuwan (niños afortunados). Se trata de cinco pequeños animalillos muy monos cuyos nombres en chino componen la frase “bienvenidos a Pekín”. Como podéis imaginar hablo de las mascotas olímpicas. Ahora que los conozco me voy fijando y los veo en todos los sitios. Por ejemplo los vi el miércoles por la noche en la Casa del Té más famosa de Pekín (Laoshe Cha Guanr) donde disfruté de un espectáculo a lo José Luis Moreno que incluía ceremonia del té, ópera, artes marciales, magia, canción popular, acrobacias varias y una actuación muy rara de dos chinos que imitaban los sonidos de manera increíble. No estuvo nada mal y probé una especie de pinchos chinos que, bueno, no están tan mal. Ahora lo que sigo sin tragar es el té (lo sé, para que voy a una casa de té…), pero bueno. Estuvo bastante bien.

Ayer visitamos otro mercado de la ciudad (Yashow shichang), pero esta vez fue en Sanlitun (zona de salida occidental). Puede que sea porque están más acostumbrados a vivir (que no a ver) a occidentales o puede que simplemente tuvieran el día vago, el caso es que me encantó comprar allí. Eran muy amables y nada agobiantes así que, para un occidental, perfecto. Eso sí, cabezones como nadie. Tuve que sudar para regatear ¡hasta los céntimos! Pero bueno, logré hacerlo en chino así que, con la tontería,¡¡anda que no practiqué ni nada!! Jeje

Esta noche salgo para Datong así que ya os contaré a la vuelta qué tal. Mientras tanto, y para acabar, os diré que el otro día iba en el ascensor con una estudiante asiática y su familia y ¡¡la hermana pequeña se escondía de mi!! ¡Que le daba miedo! Qué triste ver esconderse a una renacuajo entre las faldas de su madre porque tu apariencia la asusta. Ahora que el resto de la familia se reía un montón, jeje. En fin. Y eso que la profe nos dijo el otro día que a los chinos les gustan mucho los extranjeros. No sé si creérmelo, puede que solo sea el discurso oficial… Por cierto que, cuando estamos en clase y hablamos de cosas como los inmigrantes chinos, los pobres o Taiwán, los profes ¡¡bajan la voz!! Qué fuerte, ni que hubiera micrófonos en el suelo o las paredes…